Frente al espejo, Abby se vistió con la mejor lencería que tenía, un conjunto n***o de encaje que hacía contraste con su piel pálida y que dejaba muy poco a la imaginación, aquella que sabía que Bastián amaba y que lo enloquecía. El encaje suave acariciaba su piel, y luego, se cubrió con una bata de seda, dejando su arma sensual para el momento adecuado. Su corazón latía rápidamente, no de nerviosismo, sino de expectativa, sabía que esa noche recuperaría lo que habían perdido y de la mejor manera. Se miró al espejo, observando cómo su cuerpo aún tenía el poder de sentirse sensual, a pesar de todo el estrés de los últimos días, ahora solo le quedaba bajar a la sala a esperarlo. El corazón le latía con fuerza, como si fuera la primera vez que esperaba a Bastiá

