7

1726 Words
                                                                                           ALESSIA La gente se abalanza la una sobre la otra, gritando, abrazándose y celebrando el triunfo de Cristianno, pero de pronto aquí adentro se vuelve un Sauna y la multitud está presionando por salir, se pisan los unos a los otros y ya no siento la mano de Marzia sujetando la mía, me giro para encontrarla, pero no lo doy con ella, la busco por cualquier lugar, pero la gente me empuja me pisa y ya casi he perdido el lugar donde estaba. La bilis raspa mi garganta y estoy tan nerviosa y asustada que no puedo respirar. — ¡Marzia! —Llamo a su nombre casi jadeando por aire, pero no hay señales de ella por ningún lado. Trato de mantenerme calmada y pensar racionalmente, no la voy a encontrar aquí adentro por lo que necesito salir, pero hay tanta gente tratando de salir que no logro dar con la entrada. De pronto una mano se envuelve en mi brazo y por un pequeño momento me siento aliviada hasta voltear mi cara y encontrarme con un rostro desconocido. — ¿Necesitas ayuda preciosa? Pregunta por encima del ruido que provoca la gente y sus ojos penetran sobre los míos con fuerza, una sonrisa se atraviesa desde la comisura de sus labios Por un momento pienso en decirle que sí, que por favor me ayude a salir de aquí y a encontrar a mi amiga, pero en la manera en como sus ojos me embelesan niego rápidamente con la cabeza, me niego a confiar en alguien en este lugar, me niego a confiar en alguien que me mire como lo hicieron una vez en la mansión. —No. —Logro pronunciar establemente y firme y me siento orgullosa por ello. Tiro de mi brazo, pero él se resiste a soltarme, y puedo sentir el sudor recorrer mi espalda y mojar mi camisa. — ¿Estás segura que no necesitas ayuda para salir? —Conozco la salida, gracias. Termino diciendo y logro soltarme de su agarre, pero él no estaba dispuesto a dejarme ir tan fácilmente porque me vuelvo a sostener con fuerza, pero con esa misma velocidad me suelta puedo ver como su cuerpo es arrastrado hacia el piso segundos más tarde. Me toma por sorpresa la manera tan brusca en que cae y gime sobre el suelo. Levanto la vista hacia el responsable y me encuentro con un segundo desconocido... O tal vez conocido. Alex. El tipo que hace un par de minutos se enfrentaba a una pelea con Cristianno. — ¿Estas bien? Casi puedo mantener mi respiración regularmente mientras sus ojos se clavan ardientes sobre los míos, el sudor corre por su frente y una serie de tatuajes impregnan su pecho. Abro la boca para confirmarle mi estado, pero su cuerpo es abalanzado lejos de mí con una fuerza impresionante, las sillas de la estancia crujen cuando su espalda cae sobre ellas. Me asombro y me sobresalto por la manera tan veloz en que sucedieron las cosas. Un segundo está de pie a mi lado y al otro esta atestado contra el piso envuelto en sangre y gimiendo de dolor. La manera tan brutal en que su cuerpo queja me hace querer correr, pero me encuentro con la mirada penetrante de Cristianno sobre el como si todavía no hubiese tenido suficiente. No era consciente de que las personas ya no corrían por salir, ellas estaban en silencio alrededor de nosotros admirando la escena. De pronto todo mi sistema se colapsa, y me siento enferma por la manera en como su cuerpo suplica por aire y sus ojos están envueltos en una oleada de fuego, ni siquiera me está mirando, pero apuesto a que sabe que yo sí. —No vuelvas a poner tus manos sobre ella. —La manera tan brusca en que se expresa me haca dar un traspié. — ¿Qué demonios fue eso Cristianno? —Trato de que mi voz suene estable como hace un momento, pero en esta ocasión no cuento con ello. Por primera vez sus ojos vehementes se dirigen a mí, su ceño esta fruncido y su mandíbula tensa, todo el fuego que se reflejaba en ellos desaparece como por arte de magia y se debilitan, pero no pienso mostrarle compasión. Espero una maldita respuesta, espero una explicación por el motivo de su agresión, pero solo baja la mirada y se niega a dar su frente. Bajo la mirada al pobre diablo que aun esta sobre el piso y me pregunto cuan fuerte tuvo que golpearle Cristianno para dejarle en ese estado. —Eres un... —Ni siquiera logro completar la frase, porque estoy llena de resentimientos ahora mismo. Niego con la cabeza antes de empujar a las personas que me impiden el paso y salir de aquel lugar, consciente de su voz que grita mi nombre detrás de mis espaldas. —Alessia. —Grita tan fuerte mi nombre por tercera vez que doy un respingo, pero no me veo capaz de ceder. ¿Cómo es tan ni siquiera posible? ¿Qué pretendía? La pelea había terminado. ¿Cuál era su maldita excusa para que golpeara aquel tipo de aquella forma en tan solo dos golpes? —Ale, por favor... Escúchame. —Su voz suena tosca y suplicante y sé que está lo suficientemente cerca pero no se atreve a tocarme. —Solo dame una razón coherente para escucharte. —Grito al girarme para encararle cuando por fin estoy en el estacionamiento. Su cuerpo se detiene y se tensa porque no esperaba que me detuviese tan fácilmente. Me mira con una expresión que no logro descifrar, pero aun puedo ver su mandíbula tensa, indispuesto hablar. — ¡Respóndeme! —Mi voz suena serena, pero mi cuerpo está ardiendo. —Él iba hacerte daño. —Contesta finalmente después de una cantidad de segundos. Una risa amarga brota de mi garganta y suelto las manos al aire caminando de un lado a otro para tranquilizarme. ¿Esa era su excusa? — ¿Estas consciente de lo ridículo que te viste? —El tono de mi voz hace que sus músculos se contraigan y me evita la mirada—. El solo estaba defendiéndome, ni siquiera me puso una mano encima y tú solo vienes y atestas contra el como si yo fuese de tu propiedad. ¿CUAL ES TU MALDITO PROBLEMA? ¿PARA QUE ME HICISTE VENIR AQUÍ? ¿PARA DEMOSTRARME TU VERDADERA CARA? —Grito, y me siento impresionada por el tono de mi voz. —Tú no lo entiendes... —Susurra y me siento estúpida por la manera en que solo su voz hace que todo dentro de mí se comprima. — ¿Qué se supone que debo entender? ¿Qué abusas de tu fuerza y el terror que te tienen las personas porque puedes romperle los huesos? —Mis palabras atestan justo en su cara por la forma en que su expresión cambia. — ¡NO! —Finalmente grita, pero no me sobresalto—. Tu no conoces este lugar Alessia tu no conoces a ninguna de esas personas y lo malas que pueden llegar a ser, y cuando te vi con el yo solo pensé en... —Golpearlo. —Termino por él. Se queda callado, y sé que he dado en el punto. Todo su cuerpo se ha vuelto sereno, aunque su respiración sea entrecortada y su rostro este rojo por la presión de mis palabras. No se cuanto lo he lastimado con ellas, pero ahorita no me siento lo suficientemente fuerte para pensar. Por encima de su hombro puedo ver los ojos ensanchados de Marzia quien viene corriendo hacia nosotros, pero al ver en la situación en la que estamos solo se detiene cerca del auto. — ¿No volverás hablarme? —Lo escucho decir a mis espaldas cuando estoy dispuesta a marcharme. — ¿Sabes lo entusiasmada que estaba por venir a tu pelea? Por disculparme verdaderamente contigo después de la manera en cómo me comporte ayer y tú solo... —Me he debilitado en su presencia y casi puedo sentir como mi garganta se comprime—... Lo arruinaste. —Lo siento Ale... —La forma tan desbordada en la que suena su voz hace que una pequeña parte de mi corazón caiga al piso como cristales rotos—. Yo no quería que nada te pasara esta noche, estaba tan malditamente contento de que estuvieras ahí, quería ganar esa pelea porque quería impresionarte. Pero esto es lo que soy, lamento ser un jodido compulsivo, lamento si ahora mismo me estas odiando, lamento todo desde el primer día... Yo lo siento. Todo está en absoluto silencio y el corazón me late tan fuerte que temo que él pueda oírlo. Mi estómago da un vuelco tan acelerado que me hace querer estallar, me siento indignada, y también me siento herida por esperar algo de Cristianno que no iba a suceder, por esperar algo de una persona a la cual acabo de conocer... Esta es su realidad, esto es lo que lo hace ser y si me atrevo cruzar esa línea tendré que darle el derecho para destrozarme. —Yo lo siento más. —Digo finalmente después de como el tiempo se hizo eterno a nuestro alrededor. Camino en su dirección, pero no me detengo, solo paso por su lado casi rozando su hombro y él ni siquiera me detiene, y aunque no quiero que lo haga porque no estoy dispuesta a herirnos más con nuestra presencia, una parte de mi quiere que el vuelva a llamar mi nombre. Pero no lo hace. Solo me obligo a caminar en dirección a Marzia y adentrarme al auto sin tener que verla, no lloro, no digo absolutamente nada y espero que ella encienda el auto. Conduce por las calles durante quince minutos y ambos estamos calladas bajo la cantidad de gotas de agua que desprenden del cielo. — ¿Estas bien? —Su voz suena verdaderamente preocupada. No digo nada, ni siquiera asiento, ni siquiera la miro. Solo estoy viendo al frente cuando ella detiene en auto y las lágrimas que nunca salieron por fin comienzan a deslizarse. —Oh cariño, no llores. Ella se las arregla para envolverme en un abrazo y en ese momento siento que me rompo en mil fragmentos. — ¿Realmente te gusta verdad? —Pregunta contra mi cabello. —No lo sé. —Confieso, porque es verdad. No sé lo que Cristianno Gucci está haciendo conmigo. — ¿Quieres contarme que fue lo que paso? Asiento y comienzo explicándole todo entre sollozos porque siento que si no lo hago voy a estallar. Su rostro por un momento se asombra, pero no tanto, no tanto como yo. —Así es Cristianno Ale, te lo advertí, es agresivo, el no piensa, el solo actúa y... Se detiene y suspira porque sabe que si sigue podría herirme más de lo que estoy.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD