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Six Ella ya estaba en la mesa cuando entré. No me lo esperaba. Pensé que estaba haciendo un buen trabajo evitándola, pero al parecer no era así. Dudé un segundo en la entrada, pero no tenía ningún sentido dar media vuelta y huir. Así que entré. Arabella estaba allí sentada en silencio, con una rebanada de pan tostado en la mano, casi intacta. Levantó la vista en cuanto se percató de mi presencia. Sus ojos se iluminaron antes de que pudiera disimularlo. —Buenos días —dijo suavemente. El brillo en sus ojos y la calma en su voz hicieron que mi corazón se desbocara. Quería responderle. Quería decir algo. Pero no lo hice. Me mantuve en silencio. Fui hasta la cafetera y me serví una taza solo para ocupar las manos en algo. El pecho me palpitaba con fuerza, como si hubiera llegado corriendo

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