Día 17 Puede que para mi decimoséptimo día en el cuerpo de Irene Parker pareciese una pieza abstracta de arte andante, pero mis condiciones como negociante en algo me habían asistido. Con la condición de que hoy fuese a hacer “lo que una mujer debe hacer” a la casa de Rafael, se me había entregado las llaves del auto de la heredera y dado “un voto de confianza”. Eso me llevó a conducir hasta la única persona que me podía ayudar para no volver a meter la pata como parecía hacerlo siempre, Antonio. Tenía que dejar mis miedos atrás. Mi nuevo plan era que me acompañase a la casa del susodicho. Apoyo moral, contenedor moral, algo para purificarme la vista. Sin embargo, lo que pasaba con el gatito es que cuando se emberrinchaba, vaya que lo hacía. He estado por una hora pidiendo y esperando

