Pov: Margot Jones.
El llanto de Amelia a pesar de paralizar una parte de mi, alerta la otra. Ese instinto que por defecto se me ha dado, uno del que al parecer no puedo escapar.
— Hola, Amelia…
— PAAAA —abre su boca y la intensidad de su llanto es preocupante.
Escaneo sus síntomas visibles. El señor Reed mencionó fiebre. Visualizo su boca mientras merma su llanto. Los dientes no son, no veo rojez.
Entre su llanto oigo cómo suena su pecho y eso es lo que me trae como un déjà vu.
Concéntrate, Margot. No es lo mismo, para nada es lo mismo.
— La tina está llenándose con agua fría —expresa el señor Reed bajando las escaleras. Su ceño se frunce al verme—. ¿Se quedó ahí parada sin hacer nada? —pestañeo intentando enfocarme.
No es tan sencillo. Me pagará el doble, todo es sencillo.
— Exige el doble y no parece muy apta para el trabajo. ¿Al menos sabe cómo cuidar niños? —Amelia no deja de llorar.
Sus mocos comienzan a chorrear por su pequeña nariz. Tiene fiebre, congestión y su pecho hace un extraño sonido.
Tiene un virus gripal. Es lógico, comenzamos la etapa más fría del año aquí en Londres.
— Mejor…
— El agua debe estar caliente, a la temperatura que normalmente Amelia toma su baño, la iremos enfriando progresivamente cuando ella ya esté metida en el agua. Es la forma más efectiva de bajarle la temperatura —tomo la manga de mi camiseta, la estiro y limpio su naricita.
Sus labios tiemblan y hace un puchero. Me parte el corazón. ¿Qué tienes, pequeñita?
— Papaaaa —vuelve a llorar llamando a su padre y el señor Reed se acerca a tomarla en brazos.
Cuando la quita de mis brazos siento el vacío de ese calor que su pequeño cuerpo me dio en este momento.
Hay cosas que no se olvidan, sensaciones que te calan profundo y esa es la razón por la que me negaba a cargarla. No quería volver a sentir esto.
— Puede hacer lo de la tina, ya que cargarla le resulta tan perturbador —regaña con firmeza.
Así no soy yo. Soy muy competente, solo es una bebé que necesita ayuda.
— No me resulta difícil cargarla, es evidente que su hija desea estar en sus brazos, señor Reed. Si me indica dónde está la tina me encargaré de templar el agua —arruga el ceño clavándome la mirada con su mal genio.
Este hombre vive de mal genio.
— Suba las escaleras, la primera puerta a la izquierda —doy la vuelta y subo las escaleras buscando el baño.
Llegando a la puerta que indicó oigo el agua correr. Es aquí.
Entro al baño y me encargo de abrir el agua caliente.
A veces puedo ser muy valiente. No puedo creer que aceptó pagarme el doble, eso es muchísimo dinero.
Un mes de trabajo ya me alcanzaría para avanzar un poco.
Yo pensando que me ofrecería sexo. No es que estuviera entusiasmada por ese hecho, el hombre es muy mayor, eso no quiere decir que sea feo. Es un hombre guapo que casi me doble la edad.
Aunque sus ojos son bonitos.
Golpeo mi sien con la palma de mi mano varias veces regañándome.
¡Qué tonta eres, Margot!
El señor Reed tiene esposa. Si tiene una niña, seguro hay esposa.
Toco el agua y ya está templada.
Bajo las escaleras y vislumbro una imagen muy tierna. Es un hombre muy malhumorado, eso es cierto, pero con su hija se ve muy atento.
— Tranquila, mi sol, papi te dará un baño y vas a sentirte mejor. Vamos a chapotear con tus patitos en el agua —se ve más calmada, aún sigue acongojada, mas no envuelta en el inconsolable llanto.
— Señor Reed, el agua ya está. Creo que debería llamar a un médico, le he oído un sonido en el pecho, algo le sucede a su respiración por la misma congestión nasal —vuelve a su semblante con mala cara.
Es más guapo cuando está sin fruncir el ceño.
Ahora que lo veo bien, nadie diría que podría doblarme la edad, apenas tiene arrugas, si las tiene armonizan bien con su rostro. Su nariz perfilada y mandíbula marcada no dan espacio a concentrarte en las posibles arrugas que probablemente tiene. Sin decir la sombra clara casi invisible de su barba rubia. Es muy rubio y sus ojos…
— Jones, ¿puede concentrarse? —carraspeo y sonrío sintiendo el rubor en mis mejillas.
Seré pendeja, quedándome como boba viéndole.
— Sí, señor —camino tras él dirigiéndonos al baño.
¿Apreciaba el panorama? ¿Me familiarizaba con la vista? ¿Qué excusa válida hay?
Ninguna.
El señor me entretuvo con su perfectos rasgos faciales.
Por favor, Margot. Es un señor, tú una jovencita alborotada porque nunca viste a alguien así.
Pues si hubiera visto a alguien así hubiera dicho que los castaños de ojos claros son horrendos.
Hola, rubios europeos y con ojos color del cielo.
Es que esa es mi debilidad. Tonta debilidad, mira dónde me llevó esa estúpida debilidad.
Mejor me enfoco. No puedo dejarme llevar por cada pensamiento tonto que se viene a mi cabeza.
¡Madura!