EMILIA Me sentía traicionada, me sentía estúpida por creer en otro hombre otra vez. Tenía tan rabia, una que me hizo desearlo aún más, así que me abalancé sobre su boca. Sentir sus suaves labios nuevamente me volvían loca, no entendía qué me pasaba con él, pero claramente no era lo habitual. Lo deseaba, lo necesitaba, mi cuerpo quemaba por sentir su piel y su calor. Poco a poco fuimos desvistiéndonos, sin dejar de mirarnos y besarnos. Una vez desnuda, se levantó levemente para contemplarme. - Oh Emi, eres perfecta, eres una diosa. Por favor se mi diosa.- Y no puedo mentir, esas palabras son las que toda dominadora quiere oír. Lo jalé hacia mi y lo beso intensamente, hasta que nos tuvimos que separar solo porque necesitábamos respectar. Alex comenzó a pasar su lengua por mi primero.

