Emilia
Cuando tenía 15 años mi cuerpo comenzó a cambiar. Mis senos crecieron, mi cintura se angostó y mis caderas y trasero de ancharon. La verdad, no me sentía muy segura con mi cuerpo, hasta que tuve mi primer novio. El era mayor que yo, el tenía 21 y yo 17 años. Él siempre hablaba de lo lindas que eran mis tetas, mi culo, que podría volver loco a cualquier hombre, que moría de ganas de verme sin ropa, porque si ya era hermosa con ropa, no podía imaginar cómo era sin ella.
Estuvimos juntos hasta que cumplí mi mayoría de edad y me entregué a él creyendo en sus mentiras de amarme y que estaría conmigo para siempre. Pese a que me mintió y tampoco experimenté una buena primera relación s****l, me hizo querer descubrirme y conocer mi cuerpo, poder vivir y sentir lo que él no fue capaz de darme
- Inicio flashback -
- Rob estás seguro que deberíamos hacer esto? -pregunté no muy convencida. No porque no quisiera, sino porque siempre pensé que las cosas que tenían que dar solas no con tanta preparación como si fuera una cita al médico-.
- Por supuesto que sí Emi, ya tenemos un año junto y yo te amo más que nada. Lo único que falta para que tú me demuestres tu amor, es entregar tu cuerpo a mi. Yo lo cuidaré por siempre.
Sin más tomó de mi cintura y me sentó a horcajadas sobre él. Comenzó a besarme con desesperación, cómo si esto lo hubiera anhelado durante toda su vida.
No habían pasado más de un par de segundo desde que comenzamos a besarnos y él ya estaba recorriendo mi cuerpo con sus manos. Coló sus manos por debajo de mi blusa y comenzó acariciando mi abdomen para rápidamente subir a mis senos, bajando la tela de mi brazier para tocarlos son nada de por medio.
- Mierda! Qué ricas tetas tienes, son más suaves de lo que me había imaginado. Me pregunto qué sabor tendrán.
Sin darme tiempo para reaccionar, me quitó la blusa y el brasier en un solo movimiento, arrojándolos al piso con una mano, mientras con la otra estrujaba mis pechos como si fueran limones generándome un poco de incomodidad.
Al tenerme desnuda desde la cintura hacia arriba, toma un seno con tu boca y comienza a lamerlo, succionarlo y morderlo, mientras que con su otra mano continuaba amasando el otro seno.
Esto sí logró excitarme, quería saber qué más se podía sentir, si podía ser más placentera la sensación. Ya comenzaba a sentir mis bragas humedad y un deseo por seguir más y más, por conocer el límite de mi cuerpo.
Lentamente bajó una mano hacia mi short, lo desabrochó y lo bajo completo junto con mi bragas.
- Mira lo mojada que estás. Sabes lo que eso significa? Que solo quieres mi polla dentro de ti tanto como yo -decía mientras frotaba sus manos en mis pliegues, esparciendo mi humedad.
Me tendió en la cama y mientras seguía succionando mis senos, si mano comenzó a acariciar mi botón sensible, permitiéndome conocer otra nueva sensación.
- te gusta lo que estoy haciendo? Te gusta como chupo tus tetas y como acaricio tu coño mojado? -preguntó mientras la excitación casi no me dejaba hablar-.
- Sí, me encanta. Sigue por favor -y ahí fue donde todo se derrumbó.
De la nada sacó su mano, generando un vacío en mi interior, dejo mis senos para erguirse y sacar tu ropa por completo. Pensé que valdría la pena, ya estaba excitada y solo quería seguir.
Con una sonrisa engreída se fue acercando a mi mientras acariciaba su m*****o.
- Ahora te daré la mejor noche de tu vida. Te marcaré para siempre. - y vaya qué tenía razón-
Comenzó a posicionarse entre mis piernas y a frotar tu pene en mi entrada, al igual que lo hizo con sus manos. Sentí que me humedecí más más solo por anticipación.
De un momento a otro comenzó a introducir su pene en mi. Fue lento, pero aún así sentía dolor, la presión era mucha y dolía. Él estaba envuelto en el extasía del momento.
-Esto sí que te va gustar, te harás adicta a mi pena y luego me buscarás solo para que te de más. -hizo una pausa cuando hundió su pene completo en mi.- te gusta cómo se siente? Lo sientes tan rico como yo? Estás muy apretada, exquisita!
Exclamaba y preguntaba sin darme tiempo a decir nada. Volvió a coger mi seno con su boca y el otro con su mano, mientras comenzó un vaivén de calderas, penetrándome con fuerza y profundidad. Sentir cómo entraba y salía de mi, más su boca succionando mi seno, hizo que volviera a excitarme. Se sentía bien y el dolor disminuía, pero yo quería más, quería vivir esos orgasmos de los que mi amigas tanto hablaban.
Con un par de estocada más, Rob tensó su cuerpo mientras susurraba en mi oído.
- Dios Emi me voy a correr dentro de ti
Y antes de poder pestañear, si cuerpo convulsionó de placer, emitiendo un gemido gutural. Luego cayó sobre mi exhausto, mientras yo estaba congelada bajo su cuerpo, insatisfecha y sin entender nada.
- Maldición Emi, eres tan sexy y esas exquisitas tetas, DIOS! Me vuelven loco. -decía mientras comenzaba a acariciar nuevamente.
Jamás me preguntó cómo me sentí, si me gustó, si aún me dolía, o se me había hecho daño. Claro, ahí comencé a entender que nunca me quiso, solo quería mi cuerpo para descargarse y por supuesto, quitarme mi virginidad.
Me levante de la cama para vestirme e irme, qué más podría hacer ahí. Sin embargo tomó mi brazo y me jaló hacia él.
- A dónde crees que vas? No te parece que después del placer que te entregué lo mínimo es que me recompenses? -me dijo mientras sostenía una mirada engreída.
- Qué quieres hacer? -pregunté estúpidamente, pensando que quizás hubiera una nueva oportunidad para lograr conocer el placer que esperaba.
Ya no importaba si era él quien estaba en la cama, yo solo no quería irme insatisfecha.
Tomó mi cara entre sus manos, depósito un beso y comenzó a succionar mi pezón. Unos segundo después besó mi cuello hasta llegar a mi oído y susurró:
- Quiero que te comas mi v***a completa. Quiero que la chupes con esa boquita virgen y después correrme en tus magníficas tetas. Solo así estaremos a mano por el placer que te di. - Maldita sea, de qué placer me está hablando. Ahora yo debo pagarle por su propio placer.
Mientras estaba metida en mis pensamientos, mi celular comenzó a sonar insistentemente. Con la esperanza de que fuera mi boleto de salida, corrí a contestar enseñándole una cara de disculpas.
- Si, bueno, Emilia?, dónde rayos estás? -mi mamá responde apenas tomo la llamada y creo que nunca había amado tanto lo inoportuna de mi mamá hasta ahora.
- Si mamá, perdón, lo olvidé. Voy en camino. -Corto y miro a Rob-.
- lo siento, tengo que irme, tenía cena con mi abuela y lo olvidé. -le digo mientras me visto.-
- Está bien -suspira con resignación- mañana te llamaré y no escaparás de mi polla.
Con eso salí corriendo de aquella habitación prometiéndome que sí escaparé. Él solo tiene mi numero de teléfono, no sabe dónde vivo porque mis padres me tenían prohibido tener novio hasta los 18, por lo que solo decidí ignorar sus llamadas.
-Fin de flashback-
Desde esa fatídica noche me prometí nunca volver a quedar insatisfecha, y por sobre todo, nunca volver a callarlo. Pero para sentirme satisfecha en el camino del placer, necesitaba conocerme, explorar y saber qué era lo que me gustaba, para que cuando tuviera otra oportunidad, pudiera dominar y dirigirla yo para dar rienda suelta a mi placer.
Decidí comenzar a experimentar primero con mis manos. Empecé a acariciarme los senos, mis pezones, realizando movimientos circulares en él y viendo cómo se endurecían mientras la sensación era más placentera.
Después bajé mis manos y comencé a acariciar mi c******s. Primero despacio, se sentía bien, pero quería más, mi cuerpo comenzaba a arder por lo que mis dedos se movieron más rápido, luego un poco más lento hasta que conocí mi ritmo perfecto.
- Oh Dios, que bien se siente. - susurré en un gemido, procurando que mis padres no me escucharan.
Seguí acariciando y luego introduje dos dedos en mi v****a, incrementando el placer. Sin embargo sabía que algo faltaba, necesita sentir la penetración mientras acariciaba mi c******s, necesitaba sentirme completa.
Después de uno minutos entre los que estuve penetrándome con mis dedos, acariciando mi botón sensible y con mi otra mano haciendo esos deliciosos círculos cuya sensación me volvieron loca, exploté en lo que fue mi primer orgasmo.
Las semanas pasaron y yo me había vuelto una adicta a mi cuerpo. Me encantaba la sensación del placer y añoraba encontrar alguna persona que pudiera entender cómo tocarme o que al menos le importara aprender.
Llegó el momento de partir de casa de mis padres para iniciar mis estudios universitarios. Decidí iniciar una carrera de economía, cuyo mayor porcentaje de alumnos son hombres. Bueno, quizás me serviría a para experimentar.
Una vez que llegué a mi nuevo apartamento, salí a recorrer el lugar hasta que me topé con una maravilló tienda de artículos eróticos.
- Dios! Es mi día de suerte! Sin duda esta ciudad me gustará mucho más y el estar sin mis padres me permitirá experimentar todo lo que necesito. -pensé-.
Entré en la tienda y una señora de mediana edad me recibió. Yo no esperaba encontrar a alguien de una edad cercana a la mamá en un lugar así, yo pensé que todas las personas de esa generación eran más quisquillosos.
-Hola! En qué puedo ayudarte -se acercó con una gran sonrisa y amabilidad genuina.-
- Hola! Sí, la verdad es que es la primera vez que entro en una tienda de estas, por lo que no sé muy bien qué busco -respondí lo más sincera posible, ya que de verdad necesitaba ayuda para continuar con mis descubrimiento y claramente no me quería ir de ahí con las manos vacías.-
- Te entiendo! Siempre hay una primera vez y hay tanto productos que es fácil marearse y no saber qué quieres.
Primero que todo cuéntame si buscas algo para ti o para compartir en pareja.
- wow, hay cosas para compartir en pareja -se me salió antes de poder juntar los labios- bueno, busco algo para mi por ahora, sabes? Soy nueva en la ciudad así que aún no conozco a nadie.
- Perfecto, te mostraré…
Así fue como me transformé en una cliente frecuente de ese lugar. Al principio iba una vez al mes y luego, cuando conseguí trabajo part time y tiene más dinero que solo mi mesada, comencé a ir cada semana.
Estaba contenta, porque sentía que al fin me conocía, porque estaba segura que volvería a pasar por algo como lo que ocurrió con Rob. Ahora yo podía tomar las riendas de cada encuentro s****l, porque a decir verdad, mis ganas por encontrar un buen polvo eran tantas, que no me importaba tener una relación y mucho menos enamorarme.
En la universidad me iba bastante bien. Los números se me daban fácil, por lo que no era un problema para mi. Estaba estudiando la carrera perfecta.
Además, como lo sospeché, el 80% de mis compañeros eran hombre, lo que me abría un abanico de posibilidad para probar y divertirme.
Para ir a clases siempre me ponía ropa llamativa, pero nada vulgar. Quería buen sexo, no ser la puta de la universidad. Así que me podía blusas que resaltarán mis senos, un escote sugerente pero elegante, pantalones apegados para resaltar mi trasero o faldas que favorecieran la visión de mis piernas que al parecer también resultaban bien atractivas.
De esta manera más de alguno cayó y me sentía orgullosa porque a todos los pude dominar y poner antes que todo mi placer. Qué ellos disfrutaran de mi placer, porque no lo haría de otra forma.
Sin embargo, hubo un chico especial, Mario, el ayudante de economía II. Era guapo, delgado, ojos café y pelo rizado. Lo que más me gustaba de él era su duración en la cama, ya que al durar bastante era el único con el que podía lograr dos orgasmos en un encuentro s****l.
Sin embargo, un día a Mario se le ocurrió hablar de sentimientos, quería que estuviéramos juntos. Dios! Cuándo yo le había dado algún tipo de esperanza? No, nunca, jamás. Aún me quedaba mucho por experimentar, no podía quedarme solo con él.
Así fue como nos alejamos y terminé mis estudios follando con algunos compañeros, pero sin ningún compromiso. Muchos me buscaban para que les enseñara, ya que creían que lo que me gustaba a mi les podría gustar a sus novias o futuras novias. Quizás, quién sabe, pero como soy un alma caritativa, obvio que aceptaba y ellos eran felices de seguir mis órdenes.