Marcus sonrió de medio lado, colocándose nuevamente las gafas de sol. El primer nodo de la red de las víboras había sido destruido. Pero no se detuvo ahí. Durante las siguientes dos horas, Marcus encadenó llamadas y breves reuniones con los tres principales contratistas que manejaban los camiones de distribución de los salones de Madrid. A todos les dio el mismo mensaje, corto, directo y sin vueltas: Cualquier empresa que colabore, transporte o financie los negocios de Priscila, Natalia o Valeria quedará bloqueada de por vida de los muelles de carga de la fusión Grimaldi-Moretti. Para el mediodía, el teléfono de la oficina de Natalia ardía en llamas. Las familias de las amigas de Priscila se encontraban de golpe con los créditos cerrados, los contratos de transporte cancelados y las acci

