Marcus caminaba por los pasillos de Grimaldi Global como un león enjaulado. El escándalo del video seguía resonando en la prensa amarilla, y aunque su equipo de relaciones públicas intentaba apagar el fuego, el daño estaba hecho. Pero lo que más le carcomía las entrañas no era el video, sino la mirada de suficiencia de los auditores cuando Caterina explicaba los balances. —¿Cómo se atreve? —le decía Marcus a su socio más cercano mientras bebía un trago en su oficina—. Se para ahí, con esos anteojos horribles y esa ropa que parece una carpa, y me hace quedar como un idiota. Se burla de mí, estoy seguro. Usa su inteligencia para humillarme porque sabe que soy más atractivo que ella. Marcus ahora proyectaba su propia inseguridad. Cada vez que Caterina corregía un dato o presentaba un inform

