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1632 Words
1. Lo tenía todo, a la hora y el lugar que quería hasta lo más inimaginable. El dinero, la fama, las fans, su círculo de amistades, su equipo de trabajo y mucho más. Creía tenerlo todo pero esa tarde en soledad caminando por aquellas calles, observaba tantas parejas felices que él  parecía un fantasma sin nadie que lo acompañe. No conocía el amor, el calor de la otra persona ni un abrazo cálido de todos los días como cualquier persona. Nadie le enseño a luchar por lo que ama, tampoco a levantarse después de caerse porque nunca se cayó de esa manera. Era primerizo en algunas cosas pero siempre haciendo lo que quería. Podía escribir millones de cosas a la vez y todas referidas al amor. Escribir, imaginar y no vivirlas era su objetivo siempre, no sabía lo que era amar pero quiso saberlo aunque no encontraba a nadie que le encajará a su medida. Descansando de tanta soledad de esa tarde, se detiene en un pequeño café que había frente a él. Levanta su mano, y la mesera se acerca — Hola, ¿qué va a querer tomar?— le pregunta amablemente. Se encontraba con todo su rostro cubierto, lo único que deja verse son sus ojos cuando se saco los lentes de sol que llevaba y en un día nublado. Observa a su alrededor y le hace una seña a la chica que estaba parado frente a él —¿Hay mucha prensa por acá?— le pregunta en voz baja. Pone sus manos en su cintura, burlándose de lo que estaba escuchando — Vienen a veces a sacarme fotos para que cumpla con mi trabajo de verano de todos los años — dice riéndose de lo que estaba ocurriendo con ese desconocido. Se pone los lentes asustado, saliendo de la silla rápidamente —Gracias por la información — saca su billetera del bolsillo, toma algunos billetes y se los extiende. La chica que se encontraba casi llorando de la risa se queda muda al verlo de esa forma. Lo mirá ahora con una expresión seria y le golpea el hombro – Es broma, amigo —le dice limpiándose las pocas lágrimas que tenía en sus ojos. Sin lograr entender del todo, sigue con su mano para pagarle por el favor que a su parecer parecía verdadera  – Toma — insiste. Se queda parada interrumpiendo su camino – Quiero que pidas algo para tomar, no quiero tu dinero así tan fácil. Odio que hagan esto los ricos – dice enojada mirando a su alrededor mientras la gente caminaba a su lado. No dijo nada, se volvió acomodar en la mesa – Solo un jugo de naranja – dice mirando a su alrededor sintiéndose perseguidos por todos. Nota que otra vez se encontraba solo. Era un barrio tranquilo después de todo, no habían muchas personas en la calle, y solo el ruido de los autos podía oírse. Hacía tanto tiempo que no salía solo, siempre tenía que andar con seguridad para todos lados y la prensa a su lado corriendo. Se canso de todo y de todos, necesitaba esconderse de aquella realidad y escapar de la fama sin importar como sea. —Acá lo tenés como les gusta a los de tu clase – dice sonriendo, apoya el vaso de jugo frente a él. La queda mirando – Gracias – le dice sacándose de nuevo los lentes y la campera. Pone sus manos en sus bolsillos para buscar la libreta de anotaciones que siempre llevaba con ella — No te olvides, llámame cualquier cosa – le dice sonriendo. Asustado por ser reconocido, afirma levemente – Acuerdate que no me diste tu número – le dice sacando su celular para agendarla. Larga una carcajada que llama la atención de algunas personas que estaban en ese café – No te preocupes, macho. Me refería a que me pegues un grito si necesitas algo ahora, no soy así – le dice sonriendo por el dicho de ese extraño. Nervioso y un poco ruborizado, guarda su celular de nuevo —Lo he entendido, gracias de todos modos – le responde. Ella era una estudiantes que para vivir su día a día en las vacaciones de veranos debía trabajar más de 5 horas en aquel viejo café que era el único lugar donde le pagaban algo de dinero para mantenerse en la comida, otro de sus trabajos era un local bailable por las noches donde trabajaba para servir tragos a los que concurrían a esos sitios. Eran esos trabajos cansadores pero debía hacer el esfuerzo para pagarse todos los viajes que quería hacer antes de que termine el verano y nadie le regalaba nada, eso lo aprendió en el transcurso de los años por sus padres. En la vida se gana o se pierde y le tocaba luchar por conseguir algunas de las dos cosas porque por ahora sólo conseguía sufrir, sin rumbo ni norte a donde ir. Su familia ya no estaba a su lado, su única amiga la apoyaba en lo justo y necesario. Después de todo le toca esconder esa parte de su vida y plantar una sonrisa en su rostro para mantener sus dos empleos. Él asustado por todos. Sí alguien lo llegará a descubrir se le iba arruinar el plan de desaparecer un poco de la realidad y esconderse para tomar aire. Ella limpia una mesa hasta que siente que alguien le golpea el hombro. Se asusta – Casi me matas del susto – dice agarrándose el pecho. Toma distancia —Pero no lo hice – le responde serio. Gira su rostro para mirarlo — ¿Qué ocurrió ahora? – le pregunta. —Vine a pagarte – le muestra el dinero en sus manos. Observa los billetes que le quería dar y sonríe —¿Algunas vez has pagado?— le pregunta sería. Muerde su labio inferior y levanta sus hombros sin llegar a entender del todo lo que le decía esa chica —Si, justo ahora lo estoy haciendo – dice mostrando los billetes y moviéndolos en el aire. Agarra dos billetes de los seis que había en la mano de él – Se nota mucho, niño rico – se burla. Vuelve acerca su mano – Toma todos – le dice. Niega con la cabeza —El jugo vale esto – le muestra los dos billetes que tomó. —Quiero agradecer por no llamar a nadie – dice agarrándole la mano para depositarle los billetes. Sonríe por el acto de generosidad de ese muchacho que estaba frente a ella – No hace falta eso, no sé quién eres y nuestro secreto queda acá – le susurra en complicidad. —Ya me parecía raro, bueno. Nos vemos pronto, gracias – le da un beso en la mejilla. Ella se queda quieta sin reaccionar ante lo ocurrido, había pasado algo pero no lo entendía que era. —¿Te pago para que estés seduciendo a los clientes? — le preguntan de atrás. Se voltea y ve a su jefe parado a su lado furioso – No, señor. Lo siento – dice agarrando su trapo para seguir con sus labores. Aplaude fuerte para hacerla reaccionar —Sigue con tu trabajo – le ordena. Sin ningún otro reclamo, sigue limpiando las mesas en silencio y recordando aquel muchacho. De pronto, toca su bolsillo que tenía el uniforme en la parte de adelante y siente papeles —Eres un maldito – susurra sonriendo mientras ve los billetes justo donde menos pensaba. El camino de regreso después de unas cuantas horas afuera del hotel fueron los máximos para acomodar su cabeza, y lograr intentar sobrevivir frente a tantas personas. Un concierto donde más de 50 mil personas gritaría como locas, dónde el trabajo de todos para que salga bien fue intenso y él debía escaparse un poco de eso para sobrellevar esas responsabilidades. La recuerda con su sonrisa, esa mirada lo quemo por completo y no pudo sacársela de la cabeza. Sube a su habitación, y escucha a su manager conversando con alguien por teléfono. —No te preocupes ya está acá – dice finalizando la llamada. Camina hacia el baño, tira todo en el suelo y va en busca de una toalla— ¿Qué? — exclama fastidioso por que todos estén pendiente de él. —¿Dónde estuviste?— le pregunta. Abre la ducha poniendo en temperatura el agua – Por ahí – responde cortante. —Estábamos todos preocupados por tí, mirá si te pasa algo. No debes salir sin seguridad y eso lo sabes, Scott. Te estoy hablando – Dice enojado. Se voltea enojado –Eres mi empleado, y te importa una mierda dónde este. Mejor ocúpate de traerme algo para tomar – le ordena. Cuando le terminó de decir eso, se metió en la ducha para relajarse. No era el tipo cantante que siempre estaba de buen humor, todo lo contrario, era alguien que siempre estaba enojado, autoritario y con un ego más alto que cualquier estrella del rock. Siempre obtenía lo que quería sin que le importará lo difícil que sea. Se termina de vestir, y sale por el salón enorme que tenía esa habitación – Veo que me han traído lo que pedí – dice sonriendo falsamente. —Scott, en media hora debemos irnos – le informa. Lo queda mirando – Ya lo sé – dice enojado. Era hora de comenzar la actuación, y esa era la misma hora para Scott Thomson la gran estrella que tantas personas amaban. La fama le había llegado en una edad muy temprana, ya con sus 22 años era uno de los cantantes más reconocido del planeta y con mucho camino por delante. Sube al escenario, escucha muchos gritos y lo único que alcanza a ver son miles de personas esperándolo para que cante. 
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