Capítulo cuarenta y cinco Soy su secretaria personal. No oficialmentente, pero lo soy. O eso me dijo Amir. Leo con cuidado los papeles que tengo en la mano mientras siento como todas las miradas están posadas en mí y no en él que explica cuidadosamente su plan elaborado para aumentar las ganancias de la empresa. Y pensar que mi padre trabajaba aquí. Giro mi silla en la punta de la mesa y observo con detalle su mapa plasmado en la pizarra, mis ojos viajan a cada línea y mi cabeza automáticamente las conecta formando un delicioso emparedado. Muerdo mis labios, tengo hambre. ¿Cuándo saldremos a comer? —Espero que les haya quedado claro lo que planeo hacer, ¿alguien tiene alguna pregunta? —levanto mi mano y sonríe —¿Irina? —abro y cierro mi boca, pero de esta no sale ni una sola pal

