La "protección" de Sir Gareth duró un año. Un año de paz frágil y vigilada, donde el odio del pueblo no desapareció, sino que fermentó en silencio, como un veneno en una bodega oscura. Soulind, ahora de nueve años, había aprendido a medir el tiempo no por estaciones, sino por las rotaciones de los guardias y la frecuencia con que su madre (cada vez más encorvada y fantasmagórica) podía visitarla bajo mirada militar. Hasta que llegó el Día del Trueno Blanco. Fue a mediados del verano, cuando el calor debería ser pesado y dorado. En su lugar, el cielo se encapotó con una rapidez antinatural. Nubes de un gris metálico, bajas y cargadas, rodaron desde la montaña negra. No hubo lluvia. Solo silencios. Un silencio tan absoluto que hasta los pájaros cesaron de cantar. Luego, un único relámpago,

