Capítulo 31. No hay rosa sin espina

1308 Words

De manera inevitable, casi inconsciente, un escalofrío recorrió la piel de Morgan por dentro, como si anticipara algo muy malo… podía sentir una espina clavada en el costado, mientras su puma como si supiera le apretaba fuerte la mano mientras seguían a Anya a una de las oficinas provisionales del improvisado centro de mando de Vera. La hembra Alpha a la vista no estaba lo cual hizo que la pareja intercambiara una mirada extrañada. —¿Y Vera? — preguntó Morgan carraspeando, y Anya se sentó sobre el escritorio cruzando sus brazos. —Acomódense, hablemos…— susurró la generala frunciendo su ceño. Ambos se sentaron, y se soltaron la mano. —Bueno, ¿vas a seguir con el suspenso? —dijo Thomas un poco ansioso por todo eso. Y la joven mujer suspiró soltando el aliento… ella también estaba mal po

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