Una calle.

1927 Words
Mi cabeza duele, como lo ha hecho toda esta maldita semana, la odio, odio este mes, odio este día, odio mi vida sin él, bebo un poco más de la… ¿segunda? ¿tercera botella? Quizás sea la cuarta y no me importa, jure no volver a cometer esa estupidez, pero… hay más de una forma de morir, como el alcohol, o mejor aún, caminar de madrugada, sola, vistiendo una falda que apenas me cubre el trasero y una busa que deja a la vista que tan erguidos están mis pezones a causa del frio que azota Chicago en esta época, y como cereza del postre, estoy caminado en uno de los peores suburbios, sí, estoy buscando problemas, estoy buscando mi muerte y eso está bien, solo así podre estar con Eliot. — Eres todo lo que necesito, lo supe desde que éramos niños. — acaricia mi cabello y suspiro sobre su amplio pecho desnudo. — Aun así, no puedo creer que… me buscaras, no tenías por qué hacerlo, ¿Qué hubiera pasado si te encontrabas con una Tina llena de granos, obesa y demás defectos? — ¿Esos son defectos para ti? No mi vida, los defectos son la carencia de emociones, ser egoísta, y demás, ese era mi miedo. — ¿Cómo? — Temía encontrar a una Valentina caprichosa, arrogante, altanera, pero gracias a Dios no fue así, tu sigues siendo mi Tina. — Y tú eres mi Chicco Eliot. Éramos dos Eliot, solo tú y yo, no Don y Tina, o Tina y Emma, ni Noha y Tina, tú eras completamente mío y yo era tuya, porque si tenía defectos, aun los tengo, soy caprichosa porque te desee incluso en aquel tiempo, egoísta porque te quería solo para mí, altanera porque aleje a cuanta perra te veía, eras mío y yo era tuya… pero me dejaste. — Idiota. — murmure cuando el recuerdo de mi mente se desvaneció y me dejo ver nuevamente la realidad que tanto odio. — Hola Tina. — esa voz, cierro mis ojos un segundo, trato de concentrarme como el doctor me dijo, las alucinaciones no deben regresar, las debo mantener a raya en mi mente desquiciada. — ¿Estas bien? — abro mis ojos de golpe al sentir una mano en mi brazo y solo entonces es que lo veo, no es una alucinación, es Ezzio De Luca con esa maldita voz tan parecida a… — Chicco. — digo con calma, relajando cada musculo de mi cara, sin demostrar nada, sin que él pueda ver mi odio, mi necesidad, y también mi deseo de querer grabar su voz, quizás con un mensaje de despedida, era lo mínimo que Eliot me debía, una despedida. — ¿Qué haces aquí? Y vestida así. — su rostro serio, su mirada que lanza rayos y centellas casi me hacen reír, casi. — Dando una vuelta, ya sabes, ver el lado miserable de la ciudad te ayuda a saber que tan afortunada… soy. — ves Eliot, puedo ser despreciable, puedo ser altanera, puedo ser lo que más odiabas de la gente rica, puedo matar a la Tina que tanto amabas. Trato de continuar con mi caminata, pero Ezzio me toma del brazo. — ¿Qué es lo que estás haciendo en nuestro territorio Valentina? — desconfianza, eso veo en sus ojos, serás un buen mafioso algún día, cuando se largue de mi ciudad. — Ya te dije, doy un paseo. — ¿Vestida como una golfa? ¿bebiendo una botella de vodka? — Para ser precisa, a tu queja Chicco, es mi cuata botella y me visto como se me da la gana, prejuicioso de mierda. — no puedo evitar sonreír al ver su rostro de asombro, una sonrisa natural, ha pasado demasiado tiempo desde que hice una. — ¿Eres alcohólica? — coloco mi dedo índice en mi labio y ruedo los ojos como si estuviera considerando sus dichos. — No lo creo, no es algo que necesite, solo lo bebo cuando tengo jaqueca. — Ezzio ve mis ojos con preocupación, se lo que preguntara y vuelvo a reír, maldición debería filmar este momento y mostrárselo a mamá, quizás eso la haga feliz, su hija ríe, luego de años Valentina Constantini está riendo. — ¿Y tus jaquecas son muy recurrentes? — Rayos Chicco, eres muy listo, me pillaste. — golpe su hombro para quitarlo de mi camino, pero en menos de un parpadeó lo tengo frente a mí, una vez más. — ¿Dónde están tus custodios? — ¿Custodios? No los necesito, yo no necesito nada. — intento una vez más caminar, pero las manos de Ezzio en mis brazos me lo impiden, no solo eso, me arrastra a un callejón no tan oscuro, y más limpio de lo que esperaría en este lado de la cuidad, pero lo que más me asombra es que… me gusta sentir el calor de sus manos, mi cuerpo anhela ser tocado y me odio por ello. — ¿Quién te lastimo mi reina? ¿quién rompió tu corazón? — Ese es el problema Chicco, no se puede romper algo que no tienes y yo ya no tengo corazón. — ¿Acaso ese tal Eliot te lo robo? — no fue el hecho de que lo nombrara, maldición, estoy más acostumbrada a escuchar el nombre de Eliot que el mío, lo que despertó mi furia fue el desprecio con el que lo dijo, para mi suerte y desgracia de su descendencia, su entrepierna estaba demasiado cerca de mi hermosa rodilla, por lo cual lo golpee sin siquiera inmutarme cuando cayó de rodillas. — Chicco, no opines de cosas que no sabes. — salí del callejón y solo entonces me di cuenta de que el resto de los De Luca estaban allí, Rocco sonreía viendo a su primo en el suelo de rodillas, como se retorcía de dolor, Salvatore solo se dedicó a devorarme con sus ojos oscuros, como si jamás hubiera visto una mujer con minifalda, o con una blusa delgada dejando a la vista del mundo su abdomen, aunque claro, podría ser el hecho de estar sin sostén y que mis pezones se levantaban como puntas de flechas. — Estas jodida. — Lupo al igual que el resto me veían con molestia, pero no creo que fuese por el hecho de que uno de ellos estaba aún quejándose por ser golpeado, era como si les molestara verme así… en un estado deplorable. — No es problema de ustedes, pero…— hago una pausa mientras bebo un poco más de vodka y veo como los ojos de Leonzio se oscurecen aún más. — Digamos que es mi estado natural. — termino de decir y muestro mi sonrisa más perra que tengo, dejándoles en claro que me importa un carajo lo que piensen, doy un paso hacia la derecha, solo me falta una calle, una maldita calle y llegare. — ¿Adónde crees que vas niña? — la mano de Lupo quiere tomar mi muñeca, como lo hizo ese día en la empresa, y como entonces me suelto de su agarre, con el mismo resultado, mi brazalete cae, como un puto recordatorio de que Eliot no cumplió su promesa. Me quedo inmóvil viendo el brazalete de oro, que en ese entonces me resulto demasiado grueso para mi muñeca, pero que ahora era de gran utilidad para cubrir eso que tanto desestabilizaba a mi familia. No me doy cuenta de que todos estaban tan inmóviles como yo, mientras yo veía el brazalete, ellos me veían a mí, aunque al ver las pequeñas gotas que caían en la acera, descubrí que era porque estaba llorando, Rocco fue quien tomo la pulsera del suelo. — ¡Dámela! — el muy perro sonríe y la guarda en su bolsillo. — Estas muerto. — rompo la botella contra una de las paredes y cuando estoy a punto de saltar sobre Rocco, Ezzio me toma desde atrás. — Tranquila Tina. — cierro mis ojos, porque necesito, deseo, escuchar su voz, tan igual, tan parecida a … — Chicco, suéltame o te meterás en un lio muy grande y… no me gustaría verte en él. — No Tina, no dejare… — ¡Que me de mi maldito brazalete! — soy consciente que la maldita blusa se levantó y que la parte baja de mis senos son visibles para todos los De Luca, pero me importa una mierda. — Rocco, dáselo. — Ezzio demanda con enfado, y eso en parte me conmueve, ¿Cuándo fue la última vez que permite a alguien ayudarme? No lo recuerdo. — ¿Y si no quiero? — el rubio sonríe, estoy a nada de perder la poco cordura que me queda, toda ella depende de ese brazalete, es entonces cuando lo escucho, el motor del Ferrari de Donato. — Chicco, en verdad, suéltame y corre, mi hermano está llegando y nada bueno resultara. — Ezzio me suelta poco a poco, mientras Lupo lo ve incrédulo y Leonzio con molestia. — No puede ser que le temas a un niño. — dice Ángelo y es cuando el Ferrari de Don derrapa por el asfalto, casi atropellando a los De Luca, lo peor es que no viene solo, Lion también esta con él, y cuando descienden del Ferrari, observo a las camionetas llegar, maldición mis padres. — Tina ven. — Don tiene la mandíbula apretada, puedo jurar que romperá sus dientes. — Dámela. — le repito a Rocco ignorando la mirada irritada de Lion. — ¡Tina ven! — Don camina en mi dirección, pero antes que llegue, Rocco abre su boca. — Eliot y Tina por siempre, que cursi. — veo como Don saca su arma y apunta la cabeza de Rocco. — No. — de un salto me coloco frete al rubio que poco debe valorar su vida, obligando a Don a mover su arma, aunque es tarde, la bala roza mi mejilla, aun así, me quedo de pie, sintiendo el ardor y la sangre gotear, sintiéndome viva. — ¡Valentina! — creí que eran mis hermanos los que gritaron, pero eran más voces, muchas más. — Dame mi brazalete. — no vi a nadie en especial, pero podía sentir sus ojos sobre mí, solo gire a ver a Rocco, estaba pálido y su risa burlona ya no estaba, extendió la mano y tome mi brazalete, entonces tomo mi mano, fueron solo dos segundo, pero la vio y sus ojos ardieron una vez más con molestia y algo más. — Hija. — la voz de mis padres hablando al unisonó atrás mío, me hizo cerrar los ojos y tomar una bocanada de aire, mientras mi mano se aferraba al brazalete, para cuando volví a abrir mis ojos ya tenía mis emociones bajo control, la máscara estaba en su sitio. — Estoy bien, regresare sola… — a pesar de que mi rostro estaba inexpresivo aun veía los ojos de Rocco, estaba frente a él, a menos de veinte centímetros de distancia, su colonia llenaba mis pulmones, y sus ojos… grises, hipnotizantes… — Tina debes curar la herida. — podía ver de reojo como los De Luca veían incrédulos a mis familiares, estoy segura de que no comprendían por qué no se acercaban, porque aún me mantenía en medio de ellos y no en los brazos de mis padres o hermanos. — Solo falta una calle. — fue mi repuesta final y ahora si me moví, como si Rocco no estuviera allí, caminé e incluso lo empuje ya que el rubio parecía que había echado raíces en el suelo.
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