Capitulo 2

1181 Words
—Papi. Se despertó de un sueño en el que, de alguna manera, un gato se sentaba en su regazo, amasando sus vaqueros con sus garras. Al parecer, había convocado a un gatito para que también le lamiera el pecho y la oreja. El calor del animal había empezado a endurecerle la poll@, pero como no le interesaba mucho acostarse con una gata, se había quedado a media asta. —Papi. Esta vez el gatito decidió morderle suavemente el pez0n para hacerle jugar con él y extendió la mano para acariciar al gatito con cara de Kacey. —Papi, despierta por favor. Necesito tu ayuda. Mientras su mente se liberaba del sueño, se le ocurrió que el único gato o gatito involucrado era su descarada hijastra y el gato entre sus piernas. El amasamiento del sueño era en realidad Kacey aferrándose a su pen3, intentando animarlo apretándolo lenta y suavemente con los dedos. Su boca estaba en su pez0n, lamiéndolo y chupándolo. Al comprenderlo, su pen3 se puso completamente rígido. Le recorrió el cuello con la lengua y susurró: —Ahí está mi papi-amante. Te necesito, por favor. Luchó por abrir un ojo y enfocarla, pero su rostro estaba demasiado pegado a su cuello. Logró emitir un gruñido suave y bajo. —Tuve un sueño muy vívido. Uno muy bueno, y me despertó tan excitada que me dolió. Ya intenté correrme, pero no sirvió de nada—. Le acarició el cuello.— Necesito tu ayuda—. Se inclinó para mirarlo con sus ojos castaño oscuro de cierva.— Por favor. Por favor, señor. Pero mamá está en el porche, así que tenemos que estar súper callados. Nada de pen3tración o haré tanto ruido que nos delataré; solo dedos. Se dio la vuelta para acercarle la boca al oído. —¿Así que planeas convencerme de que te haga sentir mejor poniéndome cachondo y dejándome así? Ella ahogó una risita—. Desquitate con... no, méteselo a mamá y haz que le guste... Lo pensó y casi se rió a carcajadas. Meterle los dedos a la chica, terminar excitadísimo y luego casi violar a su mamá. Quizás incluso al aire libre en el porche acristalado. Delicioso. —Hm. Entonces, ¿qué gano con el trato? Ella suspiró felizmente contra su cuello y lentamente deslizó la mano por su pen3. Le chupó el lóbulo de la oreja un momento antes de responder con un susurro ronco: —Te darás cuenta de que me haces sentir bien. Y que me haces querer más. Él asintió—. Es cierto. A gatas, mirando a los pies de la cama, niñita. Sus ojos brillaron al sonreírle un instante antes de acomodarse en silencio, como le había indicado. Él se giró de lado para alcanzarla mejor y recorrió con la mano la curva de su columna hasta el trasero. Era agradable, pero podría ser mucho mejor si dejara de ser perezosa y simplemente saliera a caminar de vez en cuando. Lo mismo ocurría con su barriga y sus pechos, bien rellenos a pesar de no tener mucho sobrepeso. Lo cual era triste, la verdad: la grasa ayudaba a rellenar los pechos de una chica y hacía que fuera muy divertido jugar con ellos. Y los suyos eran divertidísimos. Giró la mano de modo que la base de la palma descansara sobre la base de sus nalgas y sus dedos se deslizaron hacia adelante para acariciar su montículo. Oyó un jadeo rápido cuando su dedo encontró su clítor1s. Lentamente, lo giró en un amplio círculo y se alegró de sentirla estremecerse y empujar contra su mano. Golpeó suavemente el c*****o un par de veces y sintió sus fluidos resbalarse agradablemente. Muy lentamente, introdujo su dedo medio en su entrada, dejando que sus lubricantes naturales lo cubrieran. Se deslizó dentro y fuera de ella media docena de veces antes de añadir su dedo anular a la fiesta, abriéndola un poco. Intentó curvar los dedos ligeramente, preguntándose si sus nudillos localizarían su punto G. Cuando su respiración se convirtió en una serie de resoplidos audibles, decidió que sí, y que tal vez ese no era el momento adecuado para ese truco en particular. Sacó sus dedos empapados de su coñ@ y los frotó sobre su clítor1s, que se había hinchado notablemente en poco tiempo. Manteniendo los dedos juntos, los usó como un solo dedo, frotándolos en círculos amplios sobre su tierna piel. Tras varios círculos, los introdujo como una poll@ entrando. Metió y sacó los dedos durante unos segundos y luego volvió a los círculos. Él sabía lo que le gustaba. Lo sabía desde hacía años, tras encontrar un vídeo que ella le había enviado por correo electrónico a su entonces marido cuando este estaba destinado en el extranjero. Se alojaba con ellos y había usado su ordenador para acceder a su correo electrónico. El keylogger que tenía instalado en su sistema había capturado su contraseña y registrado la transferencia de archivos. Curioso, había accedido a su correo y copiado los archivos de su carpeta de enviados. Las fotos habían sido bastante buenas: lencería, el pijama de Campanilla que le había elegido para Navidad, fotos de cuerpo entero desnuda en el espejo del baño, fotos de sus pechos, de su coñ0 depilado y luego de sus dedos dentro de ese mismo coñ0. Y luego, lo más delicioso de todo, el vídeo de ella masturbándose, con sonido. Mucho sonido. Sacó los dedos de ella y empezó a frotarle el clítor1s de lado a lado. Cada pocas caricias, volvía a meter los dedos dentro de ella y los bombeaba tres o cuatro veces. Luego volvía a las caricias laterales, aumentando gradualmente la velocidad. Finalmente, dejó de penetrarla y se concentró en las caricias. Cuando su respiración se hizo audible y su cuerpo empezó a sacudirse con espasmos arrítmicos, él la pen3tró con fuerza y ​​la presionó hasta que arqueó la espalda y exhaló un largo siseo. Mantuvo la mano quieta mientras sus temblores disminuían y finalmente se detenían. Ella se levantó, vacilante, y se inclinó sobre la cama para susurrarle al oído: —Gracias, papi. Nos vemos esta noche—. Reprimió una risita y le acarició los testícul0s antes de escabullirse al baño para terminar de arreglarse, dejándolo chuparle el sem3n de los dedos. Al salir, se coló para lamerle y mordisquearle la oreja otra vez y dejarle una sugerencia susurrada: —Ahora, vete a follarle los sesos a mami-amada, quiera o no. Le rodeó el cuello con un brazo para sujetarla mientras la olfateaba. —Por suerte, si tomo el control y fuerzo la situación, se anima. Además, tengo la tecnología de mi lado. Dios mío, hueles bien, pequeña. Necesito probar todo lo que tienes. Ella le puso la mano en el pecho; el calor se extendía a través de la sábana—. Lo sabrá, papi. Pronto. Era hermosa, y se alejó contorneado ese cuerpo de infarto, provocando, siempre provocando y Alexis se quedó ahí, tendido en la cama y con la polla dura como piedra. Definitivamente, se bajaría tremenda calentura con su prieta mujer.
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