Virginia sintió cómo se le tensaban todos los músculos. La respiración se le aceleró sin que pudiera evitarlo. La mano de Bauti lentamente se apoyó en su hombro, y luego bajó por el brazo. Tomás no se quedó atrás. Se arrimó aún más. Entre los dos la rodearon con una lentitud meticulosa. Como si supieran que no hacía falta apresurar nada. Como si entendieran que ella ya estaba entregada desde antes de que se metieran en la casa. Ella cerró los ojos. Sintió las manos de ambos deslizándose por sus caderas, luego por la cintura, y finalmente por el trasero. El calor del contacto la envolvió. Era como volver a un lugar que había jurado no pisar más. Pero ahora no había baños fríos, ni azulejos, ni nadie vigilando. Ahora estaban en su casa, con su hija en el piso de arriba. Cuando Bauti la be

