Capítulo 8: Reclamos El silencio de la mansión en Bel-Air, lejos de ser reconfortante, se cierne sobre Gildris como una losa de mármol. Se encuentra en medio de su habitación —una estancia que triplica el tamaño de su casa en Delano—, moviéndose de un lado a otro con un ritmo frenético. Se mordisquea la uña del pulgar, un hábito nervioso que delata su agitación interna. ¿En qué se ha metido? Cada minuto que pasa, la vida de Brittney Cooper se le revela más como un laberinto de falsedades. ¿Acaso su prima no ama a su esposo? ¿Es posible que todo este despliegue de opulencia sea solo una fachada financiada por el interés? La inquietud le oprime el pecho, y la necesidad de una conexión real, de algo que le devuelva su propia identidad, la empuja a tomar el teléfono para llamar a su madre. —

