Nunca, nunca... Desees tanto tanto algo, sin pensar con claridad lo que podría venir con ello.
"Salvada por el chico malo"
"Había una vez..."
Así suelen iniciar todos los cuentos de hadas o los clichés normalmente pero no es mi caso.
Lastimosamente.
La alarma de mi celular resonó, era la tercera que aplazaba, queriendo terminar el libro que tenía entre manos. Cuando leía, me daba cuenta, que siempre había un inicio de eventos que cambiaban la vida de todos, ¿Eso cuando comenzaba? La vida de libro, los clichés, ¿Eso sólo existía en un mundo ficticio?
Me levanté, cerrando el libro, colocando este por encima de la barra, soltando un suspiro pesado, para bufar.
—Dios... Estoy por cumplir 23 y sigo esperando un romance adolescente—, expresé con una mueca, cerré el libro y miré el celular—, ¡Rayos!
Sabía que iba tarde, pero, ¿Tanto? Parecía irracional, tomé mis cosas con velocidad golpeándome en el codo, solté un quejido para rodar los ojos, mamá se estaría mofando de mí por mi irresponsabilidad. Ella decía que debía de quedarme en California—por seguridad—no la entendía, ¿Qué podría haber de mal en Nueva Jersey? Hasta que conocí el lugar, y había algo que reinaba el lugar.
Bandos.
Me mudé recién cumplí los dieciocho y solía creer que habría sido mi mejor decisión, recién me gradué de la universidad y tenía una sola intención—dejar el apellido Morgan lo suficientemente lejos—aunque, era complicado.
Mi departamento era lindo, ubicado en un lugar seguro de la ciudad o quizá no tanto—ya que un par de chicos malos vivían en el mismo edificio que yo—aunque cuando me mude yo no lo sabía.
Vivir sola tenía sus enormes contras, por ejemplo, no tenía con quién hablar así que a veces lo hacía sola.
Casi siempre.
A veces en realidad temía que un día me volviera loca con ello, hablando sola o con mi gato.
Apenas cerré la puerta con llave bajé las escaleras, intentando que no se me cayeran las cosas que tenía entre manos, acomodando mi bolso, ya me había caído de aquí varias veces, yo decía que era por mala suerte. Drey decía que por bruta.
Cuando llegué a planta baja intercepté a Uriel... Cuando me mudé sentí como mi corazón daba un vuelvo, me gustó, pero el siempre me evitaba, como si yo fuera una especie radiactiva qué no debía de tocar. Le sonreí levemente, él de limitó a arquear una de sus cejas e introducirse a su departamento.
Genial, creerá que estoy loca.
Regresé a mis pensamientos, iba tarde. Corrí hacía el restaurante por un par de minutos para llegar agitada a aquel lugar. Así fue, llegué y revise aquella tabla de tareas, para bufar.
—¿Podrías dejar de hacer caras? ¡Por dios! Necesitas más amigos—, recriminó Erick pasándome un delantal—, Te quedarás loca de solo hablar contigo mentalmente.
—Tan gracioso—, Rodé los ojos con las mejillas coloradas.
—Drey, Lina y yo terminaremos por dejarte en un loquero—. Advirtió.
Rodé los ojos de nuevo, sin embargo no dije nada, me coloqué el uniforme y comencé a atender mesas, así fueron las próximas cuatro horas, hasta que... En una mala jugada tambaleó un poco sintiendo como casi se me cae la charola, más no sucedió.
Sonreí aliviada, hasta que me giré un poco chocando con un chico haciendo que el contenido de esta cayera sobre él, yo y el suelo atrayendo varias miradas ante el sonido.
Ley de Murphy: 1 Juls: 0
Me hinco para juntar las cosas y veo a mi lado a Caleb—uno de los chicos malos de la ciudad— quien me ayuda a juntarlas con tranquilidad, no negare la confusión que se adentro a mí, más no dije nada.
Podía escuchar al chico soltar insultos entre dientes, mientras tomaba un par de servilletas de la mesa de alado, limpiando su ropa.
Me levanto y miro al chico quien gruñe molesto. Podía ver sus cejas fruncidas y su enorme mueca de enojo y asco.
—Lo siento tanto—, Digo rápidamente, no necesitaba un escándalo por el cual me despidieran—, De verdad lo siento.
—No sé cómo pueden tener a personas tan incompetentes—, gruñó sin dejar de limpiarse de manera exagerada—, ¡Diablos, eres una inútil!
Ahí viene el escándalo.
Parpadeo varias veces, respiro hondo y no digo nada, odio ser mesera y que los clientes tengan que tener la razón.
Aunque no la tengan.
—Fue un accidente. Lo siento, de verdad—, recalco soltando un suspiro—, Yo...
—¿Un lo siento crees que arregla mi camisa? ¿Mi ropa? Eres una...
—Ya se disculpó contigo idiota—Dice Caleb a mi sorpresa jalándole el cuello de la camisa interrumpiendo sus palabras—, ¿Acaso estás sordo?
—No. Pero eso no quita que sea torpe—, insistió pasando un par de servilletas por su ropa. Idiota.
—Discúlpate con ella, ¡Ya! —, ordenó entre dientes sujetando más fuerte su ropa—, ¿No lo has entendido?
—No voy a disculparme por su ineptitud hermano, ¿Porque la defiendes? —preguntó, confundido—, ¿A qué viene todo esto? —, Interrogó—, ¿Es su nueva zorra?
Fue algo extraño... Cómo si nosotros fuéramos cercanos apenas lo último que salió de sus labios necesito para que su puño se estrellará en su rostro, uno tras otro, sin piedad alguna, fue raro... estaba furioso.
¡Caleb basta! ¡Para por favor! —, Pedí desesperada. Él no se inmutó con mis palabras—, ¡Caleb, para!
Aquel chico, que recibía una brutal paliza, intentaba soltarse de su agarre, dejar de ser presa de Caleb, a suplicas, pidiéndole que lo dejará de golpear, pero parecía que Caleb habría perdido la razón, que esto, era solo el comienzo de todo.
Fue él comienzo de todo.
—¡Ya! ¡Lo siento! —, Grito aquel chico, lleno de miedo—, ¡Lo siento! ¡De verdad lo siento! —, Suplico.
Después de insistencias del chico y mi piel helada ante la situación, él lo terminó por soltar, diciendo que era la única vez que le pasaría una actitud hacía mí así. La sangre salía del rostro de él y el miedo crecía dentro de mi cuerpo, me sentí patética. No quería a los cinco malos defendiéndome.
Unos pasos resuenan en el piso de mármol gracias al silencio que se formó ante gran escena, se de quien se trata, pero en mis adentros grito porque este equivocada. Su temperamento siempre habría sido un completo descontrol.
— ¡Julieta estás despedida! —, Ahí estaba el, agitando el dedo con violencia, rojo lleno de furia, abro los ojos a par, despedida...—¡Toma tus cosas y vete!
—P-Pero... —, Titubeo—, Yo…
¿Por qué me despedía? Yo no habría golpeado a aquel chico.
Miré hacía atrás, Caleb ya no estaba, como si la tierra se los hubiera tragado.
—Ve por tus cosas y tu liquidación, estás despedida—, Repite,
Frustrada, caminé por mis cosas para terminar acudiendo a caja. Donde Drey me miraba con pena, habríamos pasado días enteros buscando un trabajo en el cual pudiéramos trabajar juntas, y ya habría sido despedida.
Ahora ella me daba mi último cheque. Patético.
—Mi turno estaba por terminar—, Me dijo, firmando aquel cheque—, En lo que hago corte, pasas mañana para venir por tu liquidación, este, es tú sueldo—, Me informó, sus ojos miraban con molestia a él jefe—, En un par de minutos estaré en tu departamento, con helado. De verdad lo siento.
—No te preocupes, te veo en un rato—, Le di una sonrisa torcida—, Nos vemos.
Tomé el cheque entre mis dedos, para colocarlo dentro de mi mochila y con pasos pesados caminé hacía la salida del restaurante. Apenas salí noté que se encontraba Caleb apoyado en la pared con un cigarro entre sus labios, me miró y expulso el humo de este.
—Lamento que perdieras tu empleo, Julieta—, Se disculpo—, Sólo quería...
Examiné sus palabras, Julieta. Le miré de reojo.
—Me da más curiosidad que sepas mi nombre, uno de los chicos malos—, Chasqueo la lengua mientras acomodó mi mochila—, El empleo, no importa... Conseguiré otro. Gracias por defenderme, por cierto.
O eso quería creerlo.
—Ajá—, alargo no muy convencido—, ¿Era un buen lugar?
—Trabajaba con Drey, mi mejor amiga—, sonreí ligeramente —Esa era la parte divertida. Hasta que comenzamos a rotar los turnos.
—Audrey y tú—, Alargó, para apagar su cigarro—, Es curioso que sean amigas.
—¿Te parece? —, Pregunté con cautela—. No nos conoces.
—Clifford es una ciudad pequeña—, Señaló, para encoger sus hombros—, A ti, no te conozco, pero a Audrey sí.
—Sí…
Audrey desde secundaria tenía un crush con él—eso era lo que solía decirme—hasta que conoció a Luke, quien ella decía que era su verdadero amor, pero, siempre le habría parecido atractivo uno de los cinco.
Era algo que teníamos en común, teníamos cierta atención por los chicos malos.
Caleb se ofreció a acompañarme, diciendo que las calles eran peligrosas a esta hora, me mofé. Aunque en realidad no era tarde, eran alrededor de las ocho y media. Le agradecí de igual modo, cuando accedí fue porque dijo que iba al departamento de Uriel igual, hablamos un rato y él parecía ser agradable y gracioso.
Estaba por cruzar la calle, cuando sentí cómo la mano de él se aferraba en mi antebrazo jalándome hacía atrás en el mismo segundo que un coche pasaba a una velocidad impresionante frente a mí. Lo único que mis ojos captaron fueron una capucha negra...
Él me salvo...
—Aun no, joder—, Jadeo Caleb para sus adentros, pasando sus manos por aquel cabello castaño, le miré para regresar la mirada a la carretera—, Mierda.
Quería comprenderlo, quería que mi corazón no estuviera latiendo cómo si quisiera salirse de mi pecho, pero parecía imposible…
—Ah… T-tu…—, Balbuceo, no sabía que decir.
Me iban a atropellar, a no ser que él me jalará, ya sería un chiclé pegado en el asfalto.
—No digas nada—, pidió. A lo que mis ojos siguieron el rumbo del coche, era demasiado que procesar—, No paso nada.
—G-Gracias por esto—, titubeó.
No escuché lo que respondió, sus ojos miraron por un par de segundos hacia donde desapareció el coche, pero no dijo nada. Comenzamos a caminar un par de segundos después, yo sentía cómo si la sangre se hubiera caído a mis pies, me sentía helada. Fría.
—¿Te encuentras bien? —, preguntó después de unos cuantos segundos, asentí—, ¿Estás segura?
—Sí. Gracias—, susurré a lo que asintió de nuevo.
—Mañana ¿Puedes ir al café? Ese que está enfrente de donde era tu trabajo, tengo que hablarte de Drey—, me pide a lo que le miré de reojo.
Asiento al escuchar el nombre de mi mejor amiga.
—Ahí estaré.
Seguimos caminando callados en un silencio que no era incomodo, si no reconfortante, él llega a la casa de Uriel y se despide de mí con una seña, hago lo mismo. Lo último que escuchó de ellos es "—Ha comenzado".
No preste atención y continúe mi rumbo, llegando a mí casa.
—¿Qué acaba de pasar? —, Murmuro recargándome en la puerta. Con el corazón tan rápido como sea posible.
—No sé, tú di Juls—, Interfirió Drey—, Saliste de allá hace veinticinco minutos, ha pasado casi una hora, ¿Qué estabas haciendo con uno de los cinco?
Apenas escuché la voz de Drey, me asusté, soltando un brinco, noté que tenía a mi gato en su regazo y su mirada era completamente pensativa.
—¿Cómo llegaste tan rápido? —, pregunté. Ella agitó las llaves de su coche en su dedo índice.
— ¿Por qué estabas con uno de los cinco Juls? —, Continuó.
—Nada en particular. Me defendió y eso ya lo sabes, ¿No? —, dije a lo que asintió—, ¿Te sucede algo?
—Ah, no—, mintió levantándose, caminando a la nevera, tomando un par de botes de helados dejando uno en mis manos—, ¿Cómo te sientes con lo de tu trabajo Juls?
—Habla, tienes algo. Es solo un empleo, no me deprime perder un empleo—, me encogí de hombros levantándome, por cucharas y chocolate—, Habla, Audrey.
Ella miró hacía el techo y negó. Detuve mi mano frente a su rostro y ella me miró con una mueca—, Juls...
—Por el código.
Ella rodó los ojos y sujeto mi mano.
—Luke me termino—Dice después de unos segundos. —Dijo algo que no podía estar más conmigo, que prefería estar bien, ¡Por dios! ¡Nunca le he hecho daño!
—Preciosa—susurré abrazándola.
—Me terminó, ¡En un jodido mensaje! ¡Cuando fui a su casa ya no estaba!—, su voz se rompió—, Me dijo su vecina que se mudaron la misma mañana que me terminó... Cómo si le hubiera hecho algo atroz...
Noto como sus ojos se ponen llorosos y sonríe con melancolía.
—Este sábado tomaremos por qué mañana trabajo... Que amaría hundirme en el alcohol.
—Él se lo pierde—dije abrazándola por los hombros.
Omito los detalles de que aquel chico quiere hablar conmigo de ella y comenzamos a comer helado, siento mi teléfono vibrar y lo saco para ver el nombre de mi queridísima hermana en él.
Gisela: No hay pretextos para que no nos veamos.
Gisela: ¡23 años! ¿Vienes o voy! Mamá dice que podrías regresar... Nos hacen falta tanto tu cómo Logan...
Juls: Iré, solo costeó los boletos de avión, los quiero :D
Gisela: Más te vale. Sabes, que nadie me dice que no, y cuando quiero algo lo obtengo.
Reí y bloqueo el celular. Pasamos la noche entre bromas hasta que nos quedamos dormidas, cuando despierto Drey ya no está, por lo tanto, no tengo que darle excusas de hacia dónde iré, cosa que agradezco.
Llego al café a la hora exacta que quedamos, 9:30, entro y miro a todos los chicos que están sentados al fondo, aún no me han visto, y quiero salir corriendo antes de que lo hagan. ¿Por qué estaban todos aquí?
¿Me quedo por Drey? O ¿Corro por mi vida?