Cuando Rodrigo me dejó en la puerta de mi habitación, esperé unos minutos y bajé al bar del hotel. Dejé que se fuera porque quería estar sola, quería tomarme un par de copas mientras recordaba lo que había vivido con el turco, pero en cuanto entré al bar sentí esa fuerza imaginaria que a su vez se proyecta como un imán y no pude contenerme, así que miré hacia atrás. Ahí estaba sentado con una copa mirándome como aquella primera noche. Nuestras miradas se encontraron y me tomé un tiempo en desviar la mía. Levanté mi copa y brindé antes de llevarla a mi boca, pero el no hizo ningún movimiento. Sentí ganas de ir hasta donde estaba y golpearlo, herirlo, hacerle preguntas, pedir explicaciones, pero no hice nada de lo que pensé. Me quedé sentada tomando de mi copa y en silencio llamándolo de t

