Nuevo hogar.

2007 Words
Después de varios minutos en los que estuvo dormido, el padre despertó, lo primero que vio fue a Ruth limpiándole la cara con un paño tibio de agua con sal, el paño estaba lleno de su sangre y de tierra, muy asustado se levantó rápidamente y se miró al espejo, allí observó su  pálido rostro lleno de rasguños. Todos empezaron a cuestionarlo sobre el incidente, pero el padre no comprendía qué había pasado, el siempre caminaba con mucho cuidado por el bosque, además, del camino se conocía cuanta piedra estuviera en el suelo, su memoria fotográfica de tantos años no le podía fallar. Sin embargo, mencionó que mientras caminaba y buscaba una nueva casa para vivir, pasaron tres cuervos por encima de su cabeza, su mirada se distrajo un poco y en el momento menos esperado se tropezó con algo, no recuerda con qué, solo sabe que estaba justo al borde de un barranco, donde se resbaló y rodó unos metros abajo. Se  le hace muy extraño lo ocurrido, ya que no sabe por qué se encontraba en ese lugar, tenía la certeza de que conocía todo el bosque, pero en la distracción de los cuervos perdió su ubicación y noción del tiempo. Se despertó porque un gatito salvaje se le acercó y le lamió el rostro, se veía muy amigable, aunque su pelaje era todo n***o brillante y tenía unos ojos amarillos como el sol. Cuando recobró un poco el sentido intentó caminar hasta su casa, pero no podía reconocer el camino, tampoco sabía qué hora era, pensaba que había pasado mucho tiempo desde su caída. Pero el gato se sobaba en sus piernas como queriendo darle un mensaje, luego de sobarse corría un pedazo de camino y giraba la cabeza hacia él como invitándolo a seguirlo. Isidro lo siguió aunque sin mucho ánimo, pues se sentía muy mal, su cuerpo estaba muy adolorido y sus heridas ardían con cada movimiento. Siguiendo al compañero felino llegó hasta una gran roca, donde el gato desapareció entre los árboles, se acercó y vio que después de ella estaba el camino hacia su casa. Sorprendido y agradecido, tomó sus últimas fuerzas y llegó hasta la puerta de la casa. La familia lo miraba con asombro, más que un cuento real parecía una fábula, aunque a causa de del extraño ritual de Leopoldo todo era posible. Leopoldo hizo énfasis en la posibilidad de que el accidente de Isidro haya tenido que ver, como bien lo sospechaba Ana, con las fuerzas del más allá que tienen la misión de velar porque se cumplan los ritos y promesas hechas a los muertos. Esa sugerencia le sirvió para de paso recomendarles a Jorge y Ana que no se tenían que ir de la casa, en ningún lugar estarían seguros, y de no cumplirse el ritual a cabalidad, podían poner en riesgo la vida de toda la familia. Pero Isidro, en medio de su dolor, decidió que partir sería lo mejor para todos, además ya no quería compartir techo con Ruth, de quien estaba muy decepcionado y desenamorado por su traición con la familia. Sus hijos le ayudaron a empacar su maleta, pero les faltaba un caballo de carga con un carrito atrás para echar las cosas más pesadas. Ana fue al pueblo para conseguirlo mientras Jorge e Isidro se quedaron ultimando detalles del trasteo. Ya en el pueblo Ana se encontró con el psicólogo, quien a su vez le confeso ya saber todo lo sucedido por medio de Isidro, también él creía que la mejor opción que tenían era alejarse del mayordomo lo antes posible, ya que una tragedia era lo más pronosticable. Le ayudó para pagar los gastos y conseguir el caballo, juntos se fueron a la casa de la familia Serrano y pusieron todas sus pertenencias en el carrito. Como el padre a causa de su accidente no pudo conseguir la casa, el psicólogo los dejó quedarse unos días en la suya mientras conseguían algo cerca del bosque para que Isidro pudiera seguir trabajando. Ruth y Leopoldo quedaron solos y muy tristes, era una casa humilde pero muy grande para dos personas. Ella estaba acostumbrada a dormir acompañada desde que se casó, por eso se le escapaban algunas lágrimas de solo presentir su soledad, Isidro la hacía sentir segura y amada, sin omitir que jamás se habían separado. De hecho, se estaba replanteando la elección que había hecho de Leopoldo sobre su propia familia, pero en el fondo sabía que no tenía otra opción. A parte del ya marcado destino, no quería ser la que traicionara toda su descendencia, todos habían cumplido con los deseos de la antigua tatarabuela, así que no quería ser ella quien echara a perder todo el tiempo en el que el ritual se ha cumplido. También, sentía mucho afecto por el mayordomo, y al verlo solo en casa estaba dudando sobre el sentimiento de mera amistad familiar. Leopoldo era de edad avanzada pero muy bien conservado, sus ojos eran color miel fresca, sus dientes eran derechos y blancos como pelo de conejo, su cabello canoso tenía un porte muy elegante además de su notable suavidad, también era alto y acuerpado. Sin duda era mucho más apuesto que Isidro, quien por pasar toda su vida trabajando no cuidó mucho de su aspecto físico. Cenaron en silencio, solo se miraban fijamente como si ambos estuvieran planeando aprovechar cada minuto de soledad. Ruth era una mujer no tan apuesta, pero sí muy agradable, su mirada llena de amor y ternura podía convertir cualquier momento de angustia en tranquilidad, al menos según la concepción de Leopoldo. En su juventud tenía un cuerpo muy deseado, era de abdomen delgado y piernas largas, su cabello rubio se robaba todas las miradas y su boca roja y fresca había hecho que Isidro se enamorada a primera vista. Luego de tener sus hijos la belleza mermo, ya no tenía tiempo para arreglase y había engordado notablemente con los embarazos, tenía estrías y algunas celulitis. Sin embargo, Leopoldo la miraba como si fuera esa linda chica joven, puesto que él tenía una concepción muy diferente de la belleza. Por haber vivido tantos años viendo envejecer a todas las personas que ha amado, Leopoldo veía más allá del cuerpo sensible, prestando más interés a la parte suprasensible de cada ser. Sin duda ese aspecto era muy decisivo para Ruth, quien tenía la certeza de que el mayordomo la quería de verdad a pesar de todos sus defectos, no como Isidro que ante el primer error salió corriendo. Por otro lado, en la casa de Elkin ya se estaba instalando el padre con sus hijos, quienes estaban muy agradecidos por su gesto de amabilidad. No lo conocían hace mucho tiempo, y sin embargo los ayudó como no lo haría cualquier persona. Elkin vivía solo con un perro, el cual era su fiel amigo y guardián, tenía la característica de ser un animal libre, decidía cuando entrar y salir de casa. Al perro le gustaba saludar a las visitas, pero cuando vio a Jorge se pasmó por un momento, luego le empezó a ladrar con un fuerte desespero mientras le salían babas de la boca. El psicólogo sabía que el perro podía estar percibiendo las pesadas energías del niño a causa del ritual, lo que le terminaba de confirmar que Leopoldo no mintió cuando aseguró que este era la siguiente víctima. Les asignó dos cuartos, Jorge dormiría  solo y los dos hermanos juntos, también tenían derecho a un baño para los tres, la comida no era problema, en la cocina había todo lo necesario para que prepararan sus alimentos. La noche transcurrió con calma, Elkin se sentía feliz de convivir con personas, ya que llevaba mucho tiempo solo, se había mudado al pueblo hace unos años dejando a sus padres en su ciudad natal. Cenaron juntos una deliciosa receta que Elkin sabía preparar: el mole. Este plato era muy sabroso y tradicional, todos se percataron de que Ana quedó encantada con las habilidades culinarias de Elkin, que además de ser un gran profesional, también era bueno para las labores de la casa. Mientras comían se podía sentir en el aire la fuerte atracción que Ana tenía con su nuevo compañero de casa, el padre estaba un poco incómodo y disgustado, ya que él era mucho mayor que su hija, aunque debía entender que a su edad era normal que se empezara a evidenciar la etapa del amor y la experimentación. Elkin se sentía halagado pero preocupado por lo que pudiera pensar el padre, por eso ponía temas de conversación en la mesa para calmar un poco el ambiente. Por su parte, Jorge estaba muy tranquilo, tenía la sensación de que en el nuevo hogar las cosas iban a cambiar para bien, incluyendo las extrañas sensaciones que tenía todos los días. Además, iba a dormir con su hermana, eso le daría más seguridad en el tiempo de oscuridad. Se fueron todos a dormir con un nuevo aire de paz, la tranquilidad de no estar cerca del mayordomo les llenaba el alma. Cuando se apagaron todas las luces Jorge se percató de que seguía escuchando ruidos extraños, se lo comentó a su hermana, pero esta tenía mucho sueño y cayó como piedra. Jorge se paró junto a la ventana que colindaba con el pueblo, escuchaba a lo lejos música de algunas cantinas con sus canciones rancheras. Además de eso estaban presentes como siempre los murmullos en su oreja, esta vez no estaban tan fuertes, pero si escuchaba más voces que las veces anteriores. Fue al baño para lavarse la cara y tratar de reaccionar, pero cuando se levantó del lavamanos pudo notar detrás de él una sombre negra y ligera. Gritó con fuerza mientras corría a la cama de Ana, quien lo consoló y abrazó para que pudiera dormir. Elkin había encerrado al perro para que no molestara a Jorge, pero era muy extraño que no hacía ningún ruido. Por esa razón fue a buscarlo al cuarto donde estaba, para su desgracia el perro estaba muerto, no tenía signos vitales ni se le veía respirar, como si alguien lo hubiera asfixiado, pues no tenía marcas en el cuerpo. Inmediatamente se fue a despertar Ana, ella había conseguido dormir a Jorge, así que se levantó muy despacio y siguió a Elkin hasta donde el perro. ¿Quién lo pudo haber matado? ¿Fue Jorge el culpable de la muerte del perro? ¿Tenía esto relación con los gritos desesperados de Jorge? Entre los dos se hacían muchas preguntas, Ana sentía pena por lo ocurrido, pues Elkin vivía muy tranquilo hasta que ellos llegaron. Lo abrazó para consolarlo mientras lloraban por el perro, Elkin empezó a revisar cada parte de su cuerpo, notando que las garras estaban comprimidas, como si el perro hubiera estado haciendo fuerza con sus patas delanteras. Los dientes los tenía apretados, tanto así que habían cortado su lengua en tres pedazos. Elkin corrió su parpado notando que los ojos estaban totalmente dilatados y llenos de venas rojas. Todos estos signos lo llevaron a pensar que algo muy horrible le tuvo que haber pasado, fueron a despertar a Jorge para ver si sabía algo, pero este reaccionó de mala manera, pensó que lo estaban culpando. Jorge era un niño muy tierno y especial con los animales, jamás les haría daño, además por la primera reacción del perro cuando lo vio, le tenía era un poco de miedo. Aunque le confesó a Elkin sobre la sombra que vio en el baño, también recordó que cuando se dirigía a ese lugar el perro aún estaba vivo, incluso había escuchado el roce de sus garras contra el piso de cerámica. Luego de que salió corriendo no pudo escuchar si el perro seguía ahí, por los gritos le fue imposible percatarse, solo pensaba en regresar con su hermana para estar a salvo. La muerte del perro arruinó la primera noche de los Serrano en casa del psicólogo, esperaban que no pasaran cosas más extrañas al menos mientras encontraban un lugar a donde ir.
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