Sacrificio materno

2020 Words
Para su infortunio, ya habían perdido mucho tiempo con el ritual fallido, ya estaba amaneciendo y esa no era la hora indicada para el conjuro. Tenían que pesar qué hacer con los cuerpos, pues al otro día todos los trabajadores, incluyendo su esposo, transitaban por los campos para sembrar y recoger la producción. Por suerte, la casa tenía un oscuro sótano donde guardan los implementos de trabajo, era un lugar sucio y maloliente, pero perfecto para esconder a los familiares. Fue una ardua labor, pues a la edad de la tatarabuela era muy difícil hacer tanta fuerza, aunque Leopoldo hacía la gran mayoría, no era suficiente. Arrastraron cada uno de los cuerpos, luego los amarraron y amordazaron para que no hiciera ruido. Ya estaba amaneciendo, fue mucho el tiempo que les tomó dejar todo listo y limpio para no levantar sospechas. Su esposo se levantó, como todos los días, muy temprano. Leopoldo y su madre, a pesar de que solo durmieron un par de horas, estaban también de pie vigilando que nadie fuera a entrar al sótano. Alba se extrañó de la ausencia de sus familiares, preguntó a su madre, quien fingió no saber nada al respecto. Leopoldo mencionó que en la noche escucho algunos ruidos, como  pasos que se alejaban de la casa, pero no tenía más información. Alba los buscó por la casa, pero no en el sótano, pues era un poco ilógico que estuviera allí metidos debido al mal olor del lugar. También salió a pasear por el bosque mirando hacia el suelo en busca de huellas que le dieran una pista sobre su paradero, pues la familia siempre fue muy unida y cordial, nunca se iban de un lugar sin despedirse. Para su mala suerte no pudo encontrar nada, parecía el crimen perfecto. Alba, aunque angustiada, no dudaba de su familia y mucho menos de Leopoldo, que parecía ser muy respetuoso y correcto. El esposo de la tatarabuela también estaba extrañado, pero a raíz de todo el trabajo que le esperaba, decidió no buscarlos. Mientras tanto Leopoldo y su madre preparaba bebidas somníferas para que cuando la familia despertara no tuvieran oportunidad de intentar desamarrasen y huir. Como el cuerpo del sacrificio tenía que estar desgastado, a Dulce María, la víctima, le dieron una pequeña porción de veneno, con esos sus huesos estarían débiles y no podría ofrecer mucha resistencia. También sus ojos perderían un poco de visión al tiempo que su corazón se aceleraría un poco. Prepararon un poco de comida para darles antes de la segunda toma de bebida y pusieron en marcha el nuevo proyecto. La sobrina, quien ya sabía el plan maquiavélico, trataba de advertirles a sus familiares con su angustiante mirada del peligro que corrían. Pero aunque sus intenciones eran buenas, en el acto no podía hacer mucho, ya que todos estaban totalmente inmóviles. Se hacía de noche y Alba seguía cuestionando la desaparición de la familia, Leopoldo solo la tranquilizaba y le recomendaba descansar para tener las suficientes fuerzas al otro día para seguir buscando. Alba siguió su consejo y se encerró en su cuarto, pero ya la insistencia de Leopoldo le hacía sospechar, a causa del tiempo viviendo juntos conocía cada uno de sus gestos y sabía que tanto él como su madre le estaban ocultando algo. Guardaba mucho silencio para poder escuchar si pasaba algo extraño en la noche, y en efecto, así fue. Cuando se acercó la media noche, Leopoldo y su madre fueron por el cuerpo de la niña, por su tamaño fue fácil sacarla sin hacer ruido, pues Leopoldo solo pudo con ella. La madre llevaba sus implementos de hechicería y la fe de poder al fin cumplir el rito. Alba no podía dormir y había escuchado los ruidos extraños, sin zapatos para no hacer ruido decidió seguirlos. Cuando vio que Leopoldo llevaba en sus brazos a Dulce María su intriga aumentó, pues los dos le habían asegurado que no sabían nada de la familia. Después de caminar por unos minutos vio lo que su madre estaba intentando hacer, aunque a ciencia cierta no sabía de qué se trataba, tenía la certeza de que era brujería y podía tener un terrible desenlace para Dulce María. Se regresó corriendo a la casa para avisarle a su padre y detener esa locura. Por otro lado, estaba la tatarabuela cumpliendo  cabalidad su ritual, la niña había despertado a causa del contacto con el agua y aunque estaba pequeña sabía que corría peligro. No podía hacer ruido aunque ya la habían quitado la mordaza, pues a causa del veneno su cuerpo estaba muy débil. El ritual parecía tener éxito, cada vez la mirada de Dulce se iba apagando más, su piel perdió brillo y color, sus uñas se ponían amarillas, sus pies y manos morados por el frio del agua y su boca había perdido el aspecto rojizo y puro que le caracterizaba. Caso contrario al de Leopoldo, quien se veía más deslumbrante y alegre, toda la pureza y luminosidad de la niña le había sido transferida al mayordomo. El ritual estaba a punto de terminar cuando se percataron de unos pasos ligeros que se acercaban cada vez más. Era Alba con su padre y la sobrina, quien se despertó e hizo ruido para que alguien la sacara del sótano. Alba la escucho e inmediatamente la desamarró junto con sus otros dos hijos, así, la sobrina les contó los planes que tenían Leopoldo y su madre quedando muy aterrada. Los dos hijos aún no habían despertado, así que decidieron correr los tres a detener la atrocidad. Lastimosamente, cuando llegaron ya era tarde, aunque el corazón de Dulce María aún palpitaba, su alma ya no estaba en el cuerpo, de hecho era extraño que conservara aun el pulso. La sobrina abrazó a su hija mientras le quitaba todas las ramas que le habían puesto para el ritual, sintió su corazón latir solo por un par de segundos más, luego murió. Entre llanto y rabia la sobrina maldecía a la ahora llamada bruja y a su hijo por cómplice. El padre con mucha confusión cogió un pesado palo de madera que encontró en el piso y le pegó muy fuerte a Leopoldo en la cabeza dejándolo inconsciente. Luego, corrió para atrapar a su esposa, quien al percatarse salió corriendo para intentar escapar. Su sobrina la alcanzó en el piso, ambas forcejeaban, esta descargaba sobre la tatarabuela toda la rabia que sentía de haber perdido a su hija para que un viejo holgazán tuviera vida eterna. Cuando la tuvo dominada la amarró con el cinturón de su vestido al árbol, Leopoldo fue arrastrado hasta la casa y atado de la cama mientras pensaban qué hacer con ellos. Al otro día aumentó el dolor y la rabia cuando los demás hermanos se dieron cuenta de lo que le había sucedido a Dulce. Sin más demoras se dirigieron a la iglesia del pueblo para contar todo lo ocurrido en la noche, el acto fue juzgado de inmediato, al tiempo que era solicitada la pena de muerte para la bruja. Con antorchas y sogas llegaron algunas personas del pueblo y la autoridad eclesiástica, llegaron al lugar de los hechos y vieron a la bruja amarrada, ella tenía su piel de color morado por el frio de la noche. La desataron y juzgaron por brujería, ella solo se reía, pues su plan estaba cumplido, su hijo sería eterno. Entre todos la ataron de un árbol, de manera que con quitar el trozo de madera que sus pies sostenían, fuera decapitada. Su esposo, aunque estaba muy triste, sabía que era lo más justo, además también le dolía la muerte de la pequeña Dulce María, una niña inocente victima de la codicia. La iglesia creía que no era suficiente con decapitarla, su cuerpo e implementos de brujería debían ser quemados. Los participantes empezaron a recoger leña mientras el padre en voz alta oraba por la pequeña Dulce, cuyo cuerpo permanecía aun en la casa. Luego de tener lista la fogata para la bruja, fue encendida y todas sus cosas quemadas junto con ella. Nadie se quedó a ver el espectáculo, ya solo era cuestión de minutos para que no quedara nada de la madre de Leopoldo y Alba, esta última se veía muy trastornada, y aunque fue un plan ideado entre su madre y Leopoldo, sabía que él no tenía la culpa, pues había sido influenciado por el amor excesivo de la bruja. Regresaron a casa, abrieron un hueco en la parte del frente de la casa para enterrar a Dulce María, el padre de la iglesia asistió y se le dio cristiana sepultura. Leopoldo fue desatado y contextualizado sobre lo sucedido. El padre lo reparó y vio el anillo que tenía en su mano, con el pentágono hacia abajo, muy asustado se lo arrancó del dedo y corrió hasta donde se estaba quemado la bruja para que se quemara junto con ella. Los pecados de Leopoldo fueron perdonados por el castigo a la bruja, además ya todo lo que los unía se estaba quemando en el bosque. Todas las personas se retiraron del lugar, la familia por parte de la sobrina se alejó e hicieron énfasis en que jamás los volverían a ver. Cuando todo quedo en tranquilo silencio Leopoldo se escapó de la casa para ir a ver lo último de su adorada madre quedaba. En el lugar había aún mucho humo y cenizas esparcidas por el viento. No podía ver mucho, se acercó mientras tocía y tapaba su nariz. A pesar de todo lo que su madre adoptiva había hecho, para Leopoldo ella era el más grande signo de amor, por eso quería rendirle un último homenaje. Cuando se acercó, algo brillante llamó su atención, era el anillo n***o del pentágono que no se había quemado. Bajo este se encontraba solo una hoja del libro de hechicería, allí había un mensaje de carácter profético. Aunque no se podía leer bien por el daño que sufrió la hoja, Leopoldo pudo percibir que el hechizo tenía que mantenerse vivo por medio de la voluntad propia y la ayuda de su madre, quien siempre lo estaría cuidando a como diera lugar. Ese mensaje lo alentó un poco, de alguna manera sentía que siempre iba a estar protegido, además que el fundado miedo de su madre a la muerte le había sido transmitido con mucha fuerza. Frente a lo que quedaba de su cuerpo prometió siempre cumplir con su legado y dejarse cuidar de ella, además de acompañar siempre a su familia para ayudarla y pagar de alguna manera los beneficios recibidos. Regresó a su casa para mencionarle a su hermana Alba acerca de la hoja del libro que había encontrado. Ella comprendió la gravedad del misterio, era su madre comunicándose, pues no era posible que se quemara todo menos la hoja y el anillo. Los hermanos acordaron proteger siempre la vida eterna de Leopoldo, si bien no fue muy sana la manera en que la consiguió, era la última voluntad de la madre. De hecho, presentían que de no cumplirse algo malo podría pasar.  A partir de ese momento cada nueva generación tiene que ver con Leopoldo, esa es su familia, y por más que vea morir a muchos de sus allegados, los nuevos siempre le acogen con gran amor y respeto, con miras a cumplir la profecía de la tatarabuela. Ruth no fue la excepción, lo único esta vez diferente, fue que sus hijos se enteraron, ninguna otra generación había estado tan cerca de la verdad. Ana y Jorge resultaron ser muy inteligentes e inquietos, razón que obligo al mayordomo a confesar la verdad. Todos en la mesa quedaron perplejos observando el aun conservado anillo y pensando en el triste final de Dulce María. Leopoldo pensó que con esa respuesta todo iba estar más tranquilo, pero Ana relacionó a Leopoldo con las tragedias familiares que siempre le pasan a la familia materna, pidiendo una explicación sobre eso. La madre se puso muy pálida y Leopoldo prefirió no abordar el tema. Pero ante la reiterada exigencia de los hijos, sumada a la del padre, fue obligado a confesar.
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