Capítulo 38. Las preguntas que nadie quiere oír Maximiliano se quedó atrás, apoyado en la pared, con los brazos cruzados, y la mirada fija. No confiaba lo suficiente como para alejarse, pero tampoco era capaz de interrumpir ese momento. Había algo en la forma en que ella tocaba a su hijo, no lo hacía de una manera clínica o profesional como lo haría una trabajadora de un hospital, era más bien una forma una forma más antigua, más instintiva. Como si ya lo hubiera antes. Más tarde, cuando el pequeño despertó con la boca seca, ella se acercó rápido ofreciéndole un poco de agua, el niño la miró con ternura antes de volver a cerrar los ojos y dormir. Gianice debió disimular su emoción. Lejos de allí, Iván trataba de averiguar qué pasó con la señora More... estuvo en la empresa de los Serv

