A pesar de las investigaciones que se realizaban en silencio dentro de la organización Marcini, Dante debía enfocarse en otro asunto igual de importante: pedirle matrimonio a Aymara. Sabía que su mundo estaba lleno de traiciones y peligros, pero ella era su única certeza, la única persona que le hacía querer un futuro más allá del caos. Junto a Aurelio y Francesco, comenzó a preparar cada detalle. No quería algo ostentoso ni excesivamente romántico, pero sí algo significativo. Francesco, con su sentido del refinamiento y su amor por los eventos grandiosos, trajo a los mejores organizadores de fiestas para transformar la casa de la playa en un escenario elegante. Las luces cálidas colgaban de los árboles, los arreglos florales resaltaban con tonos suaves y dorados, y una larga mesa con can

