Ya con la puerta cerrada, observo mi reflejo, estoy terrible. Con razón me corrieron del bar. j***r, qué vergüenza que Ventura me vio así. Una vez que estoy bajo el chorro de agua, siento las gotas cálidas resbalar por mi piel, tardo un buen rato en desenredar el cabello, pero agradezco que no tuve que arrancarme ningún mechón. Es tan surreal esta situación. Marlene casi me aplasta con la mirada el día que sin querer colisioné con ella en clase de dibujo, el día de la reunión familiar se mostró indiferente, fingió que no existía y ahora parece que somos amigas. O algo así. Me sigue dando mala espina, pero ya no tanto. Cuando salgo del baño, se apresura a sentarme en la cama mientras me cepilla el cabello mientras me comparte de su crema especial para hidratar la cara. Es un poco incómodo

