21

1315 Words

Él era esa voz en mi cabeza que susurraba mentiras o verdades que no quería escuchar. Por momentos acariciaba mi rosto con toda la inmensidad del cielo en su mirada, y por otros, apretaba mi cuello entre sus manos e intentaba ahorcarme. ¿Tanto quería que estuviera con él al otro lado? Golpeaba mi pecho, se sentaba sobre mí dejando caer todo su peso sobre mi caja torácica o aplastaba mi corazón con su pies descalzo. ¿Los muertos pesan tanto sobre nosotros, o solo es la culpa lo que cargamos los vivos? Me besaba las manos y luego me amenazaba con romperme los huesos. Y yo solo sonreía mientras escupía sangre. Era brutal, y me encantaba así. Era 21 de mayo. –¿Era 21, Jaime? –pregunté con el chico acostado a mi lado en la cama. Él sonrió y asintió. Aquel día también hizo lo mismo cuando le p

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