Olivia: Cuando las puertas del ascensor se abrieron, salí y Xavier estaba allí, con los brazos cruzados sobre el pecho y los labios apretados en una línea recta. —¿Qué? —pregunté, ya que no parecía tener ninguna prisa por apartarse de mi camino. —¿Por qué demonios estabas en el bar? —gruñó. —Fui a por una bebida —le dije, mirándole con extrañeza. —¿Con quién estabas en el bar? —Estaba sola —dije—. ¿Por qué?, ¿qué pasa? —pregunté, y él suspiró. —Nada. Sólo ve a empacar tus cosas. Nos vamos –fruncí el ceño cuando dijo eso. —¿Qué? ¿Por qué? –pregunté. —No me cuestiones ahora, Olivia. Haz lo que te he dicho —gruñó, antes de marcharse. Dios, no entiendo por qué está siendo tan idiota. Recogí mis cosas rápidamente, haciendo un barrido por la habitación para asegurarme de que no me dej

