-¿Que haces tú aquí?- gruñe enfurecido mientras me suelta y se aleja de mí, saca su pistola de su espalda baja y camina decidido apuntando a Marcelo.
-¿Marcelo?- me quedo atónita viendo la situación y corro hacia Axel. Se que lo matará, lo hará si no lo detengo.
-Vengo a por Octavia- dice tranquilamente mientras apunta a Axel con su arma.
-¿Vienes a por mi mujer?- dice riéndose hasta apoyar el cañon de su pistola en la frente de Marcelo.
Me acerco hasta donde están y miro a Marcelo con pena y miedo. Se que le matará si no se va.
-Vámonos Octavia- dice Marcelo tendiendome su mano.
-¿Que haces aquí? ¿Con que derecho te crees para arruinar mi boda de esta manera? - digo enfadada y le quito la pistola que lleva tirándola a un lado del suelo.
-Por favor Octavia no me hagas esto- insiste mirandome- se que me amas.
-Te equivocas, es mi mujer, mía gruñe Axel.
-Pero me ama a mí y eso es lo que te corroe por dentro- insiste Marcelo.
Axel gruñe y aprieta la pistola aún más contra la frente de Marcelo, yo me pongo frente a él y le suplico.
-Axel, por favor. No lo hagas. No manches tus manos con su sangre, no merece la pena- niego mirándole a los ojos, intentando ver una respuesta en los suyos.
-Voy a matar a este hijo de puta por interrumpir nuestro día y nuestra vida- dice enfurecido- quizás así lo olvides estando muerto.
-Por favor, Axel. Soy tuya, soy una D'angelo- susurro- si supieras lo que hizo sabrías que no quiero volver a verlo.
-Eso no es suficiente para aplacar mi ira- sonríe divertido.
-Déjame explicarte todo Octavia, no me hagas esto- suplica Marcelo.
-Te quiero, te quiero a ti Axel D'angelo- digo intentando calmarle y le beso sin pensarmelo dos veces.
Él rodea mi cintura bajando la pistola sin separarse de mis labios. Sabe que no le amo, y que sólo lo estoy haciendo para que no mate a Marcelo, a pesar del daño que este me ha hecho. Pero también se que esta disfrutando al ver sufrir a Marcelo. Axel necesita tener todo bajo control, ser el dueño de la situación y yo ahora le estoy proporcionando ese placer.
-Esto no quedará así- susurra en mis labios y se separa- vete de aquí antes de que cambie de opinión y esparza tus sesos por el suelo de mármol- dice mirando a Marcelo a los ojos.
Marcelo se va con la cara descompuesta por la situación y yo simplemente me quedo junto a Axel forzando una leve sonrisa.
-Que siga la fiesta, vamos- grita Axel divertido y todo el mundo vuelve a lo suyo.
****
La fiesta ha sido agotadora, demasiadas horas con gente a la que no trago y que no me traga. Me tiro en la cama con el vestido aun puesto mirando al techo y me quedo así durante un rato, hasta que Axel entra en la habitación y cierra la puerta tras él.
-¿Vas a dormir con ese vestido?- pregunta mirandome.
-No he sido capaz de quitármelo yo sola, ¿puedes ayudarme?- digo mirándole y él asiente.
Me levanto de la cama y él se coloca detrás de mi, empieza a desabrochar uno a uno los botones de raso del vestido hasta llegar al último. El vestido comienza a deslizarse lentamente por mi cuerpo, pero lo voy sujetando con las manos. Cuando termina se separa y comienza a quitarse el esmoquin. Yo camino hasta el baño y llevo un camisón en la mano para cambiarme.
Cuando salgo Axel ya está metido en la cama y me mira de pies a cabeza.
-¿Vas a dormir con eso?- pregunta señalando el camisón de encaje rojo que llevo puesto.
-Si, y si no te gusta tendrás que aguantarte- digo
-Cariño, no se si podré aguantarme, pero sin tocarte- ríe divertido.
-Deja de decir tonterias. Nuestro matrimonio solo es una fachada- digo mirándole enfurecida y me tumbo al otro lado de la cama- ni se te ocurra acercarte.
-Tranquila, no tengo el más mínimo interés en ti- dice girándose para darme la espalda- puedo tener a la mujer que quiera gimiendo en mis labios debajo de mi cuerpo.
La imagen de su duro y musculoso cuerpo sudado sobre mi cuerpo desnudo me provoca un dulce escalofrío. Llevo todo un mes sin tener sexo, y no puedo negar que mi marido es jodidamente sexy a pesar de ser quién es.
-Recuerda nuestro trato- digo sin darle importancia a su comentario.
-Y tu recuerda que soy tu marido y deberías complacerme- protesta.
***
Han pasado tres días desde la boda, y aún no me quito la imagen de Axel apuntando a Marcelo con un arma. Es cierto que Marcelo me ha hecho daño, pero sigo queriéndolo, el amor no desaparece de la noche a la mañana.
Los días se hacen interminables en este maldito apartamento. Necesito respirar aire fresco. Cojo mi ropa de deporte y me cambio. Me recojo el pelo en una coleta y me pongo las deportivas. Salgo de casa y comienzo a correr hacia el puerto, la brisa del mar me sentará bien, de eso estoy segura.
Axel ha ordenado a uno de sus hombres que me siga estos días que Fabio esta de vacaciones en su pais, asique por sí no fuera poco ahora tengo carabina. Aunque en cierto modo es una manera de alegrarme la vista porque Alessandro he de admitir que es muy guapo. Aunque no mi tipo, es un chico malo como mi marido, y de esos hombres cuanto más lejos, mejor. Destruyen todo lo que tocan y solo provocan caos a su alrededor.
Sigo corriendo por el puerto y según llego a la playa me paro, me siento en la arena a la orilla del mar y miro el horizonte. He de admitir que esta ciudad es preciosa, siempre me ha encantado.
-Señora D'angelo debemos irnos, el jefe quiere que vuelva a casa- escucho la voz de Alessandro detrás de mi.
No me queda otra más que obedecer, pues mi marido es capaz de mandar un ejército a buscarme y no quiero dar el espectáculo.
Me levanto de la arena y me acerco a Alessandro agarrandome de su brazo.
-Aless, ¿puedes imaginar lo guapo que eres?- digo divertida
-Señora D'angelo ese comentario esta fuera de lugar- responde él
-Es solo una apreciación.
-Es la mujer de mi jefe- responde serio
-Solo en el papel, entre Axel y yo no existe nada- argumento
-Aunque es usted una belleza, nunca le pondría la mano encima- responde y carraspea- soy gay señora D'angelo.
-¿De verdad? Que suerte tienen de poder disfrutar de alguien como tú- digo haciendo un mohin- ¿porque yo no tengo esa suerte?
-Quizás algún día usted y el jefe... -le corto, no le dejo terminar la frase.
-Eso nunca. Oyeme bien, N-U-N-C-A.
Llegamos a casa y cuando Aless y yo entramos puedo ver la cara de pocos amigos que tiene mi marido. Ya estoy más que acostumbrada a esto. Se acerca hasta nosotros y con una mirada a Aless este desaparece. Me coge por la muñeca y me arrastra hasta su despacho, cierra la puerta tras él y me mira.
-Vamos a ir a una fiesta esta noche. Tenemos que tratar unos asuntos con uno de nuestros socios- dice mirandome y coge un mechón de mi pelo sudado entre sus dedos y después se sienta en su sillón.
-No voy a ir contigo a ninguna parte, son tus negocios no los míos- respondo negándome. No pienso ir a presumir nuestro falso amor delante de un puñado de mafiosos.
-Tu vendrás cuando yo lo ordene, eres mía- gruñe dando un golpe sobre el escritorio y se levanta- ve a preparte, nos vamos en un par de horas. Y por cierto, mi esposa tiene que ser el centro de todas las miradas.
-Solo me falta la correa- susurro molesta y él me mira fijamente a los ojos.
-La llevas en el dedo- responde señalando mi mano.
Salgo del despacho furiosa y camino hasta la habitación. Me voy directa al baño para ducharme y me tomo mi tiempo lavándome el pelo y el cuerpo. Cuando salgo enrollada en la toalla veo un vestido sobre la cama, es precioso, en color rojo con escote en forma de corazón y palabra de honor con mangas abullonadas, largo hasta los pies. No dudo ni un segundo en que será el que me ponga a pesar de querer llevarle la contraria a Axel. Me aliso el pelo y lo dejo suelto, elijo un collar, pendientes y anillo de oro. Las sandalias y el bolso son en el mismo tono que el vestido. Estoy casi lista cuando Axel entra en la habitación y se queda mirándome. Me escanea de pies a cabeza y un escalofrío recorre mi cuerpo. Su mirada es intensa y por su sonrisa de lado se que está más que complacido.
-Sin duda mi mujer será el centro de atención- dice acercándose a mi y huele mi cuello, puedo notar su respiración en él- buena elección.
-Llegaremos tarde si no te das prisa- respondo.
Él se mete en el baño y yo comienzo a maquillarme en el tocador. Cuando se abre la puerta veo como sale únicamente con una toalla envuelta en su cintura, nuestros ojos se encuentran en el espejo del tocador y desvio la mirada. A los pocos minutos ya está completamente vestido con un esmoquin n***o y camisa blanca. Lleva un pañuelo rojo en la americana.
-Alessandro nos está esperando abajo- dice y ambos salimos de la habitación y bajamos a la entrada donde Aless nos esta esperando.
-Permítame decirle señora D'angelo que está usted preciosa- sonrie Aless.
-Muchas gracias Aless, espero que todos piensen como tu- digo saliendo de la casa y caminando hacia el coche.
Aless se adelanta y abre mi puerta dejándome entrar y cuando lo hago la cierra, tras esto se sube en el asiento del conductor, Axel se queda unos segundos parado en la entrada con cara pensativa, una vez estamos los tres dentro del coche Aless pone rumbo a la mansión donde se celebra la fiesta.
Una vez llegamos, Axel se baja primero y esta vez es él quien me abre la puerta y tiende su mano para ayudarme a salir. Yo la acepto y él sonríe de lado. Caminamos hasta la entrada de la lujosa mansión y allí nos da la bienvenida un hombre de mediana edad. Su cabello tiene franjas canosas y las arrugas comienzan a marcar su rostro.
-Bienvenidos. Axel D'angelo es un placer tenerte en mi casa, y me alegra que vayas a ocupar el lugar que te corresponde- dice sonriendo y estrechando su mano- tu padre hace bien dejándote a cargo del negocio.
-Gracias Dimitry. Quiero presentarte a mi hermosa mujer- dice fingiendo una sonrisa cálida y me mira a los ojos por un segundo- Ella es Octavia.
-Si, es hermosa. Pero le viene de familia, es una Blume y su madre era idéntica a ella- dice mirandome y yo fuerzo una sonrisa.
-Gracias- digo, Axel carraspea y vuelve a mirar a Dimitry.
-Es una D'angelo ahora- dice y me coge de la mano- si nos disculpas vamos a entrar ya, quiero bailar con mi esposa antes de la reunión.
-Por supuesto, que disfrutéis- dice Dimitry y comenzamos a caminar adentrándonos en la casa. Caminamos hasta el gran salón y allí una fotógrafa se acerca y nos pide que posemos. Axel lleva su mano a mi cintura y me pega a él. Ambos nos miramos forzando una sonrisa más. Ya hasta nos sale automáticamente.

Hay demasiada gente en la fiesta. La mayoría se acercan a nosotros para saludar y felicitarnos por la boda. Están deseando de saber cuándo tendremos a nuestro primogénito y yo solo de pensarlo se me revuelve el estómago. No quiero imaginarme toda una vida con este hombre al que no amo y mucho menos tener que darle hijos.