Allí iban, caminando al despacho. Lía, no sabía cómo sentirse, exaltada, preocupada, ansiosa, por saber sobre el origen de la familia, aunque otra parte de ella, no sabía si quería saberlo. Cuando entraron al despacho, este estaba en penumbra, apenas iluminado por la lámpara del escritorio. El cuero oscuro de los sillones y las paredes forradas de madera parecían contener un secreto propio, como si también escucharan lo que nadie más debía saber. Lía entró detrás de él, con los pasos vacilantes, se había quitado la medalla y la cargaba apretada en su mano como si fuera un talismán o un arma. Ethan cerró la puerta con suavidad, pero el chasquido de la cerradura retumbó en sus oídos como una sentencia. Caminó hasta el escritorio, pasó la mano por la superficie pulida, y se quedó de p

