Dos meses El calendario marcaba dos meses desde la noche en que todo cambió para siempre. La herida de Ethan había sanado lo suficiente como para que las cicatrices se convirtieran en un recordatorio y no en una condena. Y ahora, la mansión estaba en pie de fiesta, latiendo como un corazón gigante que se preparaba para un día irrepetible. Desde temprano, el movimiento había empezado. Cocineros, decoradores, floristas y músicos iban y venían por los pasillos, cargando cajas de flores, manteles de encaje, luces diminutas que parecían estrellas atrapadas en hilos de cobre. Los jardines, normalmente tranquilos y elegantes, estaban transformados en un paraíso blanco y dorado: arcos recubiertos de rosas trepadoras, sillas alineadas en filas perfectas sobre el césped, y un pasillo central a

