Ethan levantó la vista lentamente. Al verla, se le tensó la mandíbula. Pero no dijo nada al instante. Se limitó a tomar aire, a posar los ojos en ella con esa frialdad que usaba como escudo para esconder sus verdaderos sentimientos. —No sabía que tenía algo contigo —respondió con calma, sin levantar la voz—. Hasta donde recuerdo, tú dejaste claro que no querías nada. La frase fue una bala en el pecho. Lía apretó los dientes, tragándose las lágrimas que pugnaban por salir. —¿Eso crees? ¿Qué te dije que no quería nada? ¿Después de todo lo que pasó? —Después de todo lo que me has hecho pasar —replicó él—. No olvides que tú fuiste la que se alejó primero y no has querido que me acerque a resolverlo. Antes de que pudiera seguir, Isobel se acercó, con esa sonrisa que escupía superioridad

