—Además, implicaría que el hombre estimaba su arma. Se tomó el tiempo necesario para recuperarla. Era importante intrínsecamente o a la luz del hecho de que él puede ser determinado de él. Los verdugos que utilizan un trineo o una cuerda suelen llevar guantes y abandonar el arma. —¡Qué encantador! — dijo Ferguson, terminando su copa de vino. Me encanta oírle pensar. —Me alegro de que no haya sido con un trineo. Nunca me he fiado de verdad. —No hay diferencia de cualquier manera. —He tenido tres casos de mazo. En dos de ellos, el mango se cortó. En el tercero, la cabeza se cayó. —¿Así que sabía lo duro que es el cráneo? Sin embargo, me dejó hablar. —Estas son las pautas del juego. — ¿Algo más? —¿Algo más? No, nada más. Todo es humo. Obviamente la apertura era redonda, sin embargo pod

