Louise estaba ahora apoyada en el fregadero, bebiendo un trago. Bette se había puesto una de mis camisas y estaba sentada a la mesa bebiendo una copa de rosado. Las chicas seguían con los ojos enrojecidos, pero parecía que la tormenta había pasado por el momento. La fragilidad que había sentido antes había desaparecido; Louise parecía más relajada. "¿Todavía te gusta el filete poco hecho?" me preguntó Louise. Sonreí y asentí. Bette era remilgada con la carne roja y siempre quería que no quedara rosada. Preparé mi bebida y volví a la sala. Pensé que quizá aún querrían algo de privacidad. Louise llevaba casi seis meses desaparecida para entonces, pero supuse, aun así, que pretendía recuperar su puesto de esposa y cabeza de familia. Así que me sorprendí y me quedé un poco perplejo cuando,

