–Hola, Nate. –Wow, Madison. ¿Cómo estás? –Bien, uh– respira Madison –. Feliz cumpleaños. Escucho la respiración al otro lado de la línea. Mi corazón está palpitando tan fuerte que siento que va a salir de mi pecho en cualquier momento. –Gracias, muchas gracias. Créeme que nunca pensé que llamarías. –Lo sé, yo… cumpliste veinte años , ¿verdad? –Sí, muy loco, ¿no? Pensar que tenía diecisiete cuando nos conocimos. Ahora ya estoy anciano– soltó una risita. –De seguro ya tienes canas– solté y él volvió a reír. Mi respiración empezó a normalizarse. –Lo dirás de broma, pero sí descubrí algunas– suspiró –. Estoy en la ciudad, tendré una fiesta en el hotel, estás cordialmente invitada. –Gracias. –¿Te gustaría que nos veamos? Podemos ir por un café, o algo. Bajé mi mirada. –No puedo, l

