Capítulo 3 "Te controlan"

3334 Words
–No, no puedo hacer eso. –Vamos Maddie, ¿cuándo en tu vida vuelves a ser de primer ingreso? Sólo una vez, vamos. –Pero tengo tarea qué hacer– inquirí viendo a Kat de reojo. Ha estado aquí por media hora tratando de convencerme de ir a una fiesta en su dormitorio, sinceramente lo mío no es beber alcohol pero al parecer aquí lo hacen todos los días. –Llévate tus libros, todos son de segundo, ellos te ayudarán, no te preocupes. Solté un suspiro, sé que no se iba a ir hasta que dijera que sí. Dirigí mi mirada a Erica, ella estaba acomodando sus cien productos de belleza en su escritorio, se supone que es para hacer tarea, pero ella decidió otra función. –Sólo si tú vas. –Cariño, ni siquiera me tienes que preguntar. Se levantó de su silla y se quitó la bata, desvié mi mirada por instinto pero resulta que ya estaba cambiada debajo de la bata, oh genial. Sólo tomé un cuaderno y lo guardé en mi bolso, retoqué mi maquillaje de la mañana y salimos hacia su dormitorio; Erica ya tenía la fiesta dentro de ella y eso se contagió, terminé llegando de buen humor hasta que se abrió la puerta. Una ola de humo impactó en mi rostro, era una mezcla de cigarrillo y otra sustancia. –Ugh, te dije que no fumaras en mi dormitorio, sabes cómo se pone mi compañera– reclamó Kat quitando el cigarrillo de la boca de Theo. –Sabes que me encanta verla enojada. –Idiota– murmuró enojada tirando su cigarrillo. –Oh pelirroja has llegado, me he sorprendido. –¿Por qué?– fruncí mi ceño con confusión y una pizca de molestia. Siempre tengo que estar a la defensiva con él. Me quedo con los brazos cruzados mientras saluda a Erica con un beso en la mejilla y un abrazo, ella de inmediato entra en confianza con los demás en la habitación. –Oh, porque este tipo de reunión no es lo tuyo, ¿o me equivoco? –A ti qué te importa– rodé mis ojos y fui a sentarme a un lado de Erica. Pensé que me iba a costar más trabajo el adaptarme a ellos pero la verdad es que fueron como mínimo cinco minutos en lo que ya estaba riendo a carcajadas con un chico que decía puras estupideces. –¿Gustan?– nos ofreció un cigarrillo pero nos negamos. –¿Qué dije de fumar? Idiota– Kat le dio un zape. Estaba riendo cuando mi celular empezó a sonar, tomé la llamada de inmediato. –¿Hola? –Maddie, vinimos a buscarte y no estás en tu dormitorio. –Oh no– empecé a reír por ver al chico intentar hacer una pirueta. –¿Maddie? –Harry, mmm, estoy en el dormitorio de Kat, vengan. Colgué sin haberme esperado por una respuesta. Mi risa cada vez es mayor, supongo que aunque no fumes, el humo hace su efecto, era obvio. –¿Quién era? –Harry. –Uh, diles que vengan porque a mi hermanita aquí le encanta el mayor. –¿Hamilton?– cuestionó Erica. Kat rodó los ojos y empujó con fuerza a Theo, él salió volando de la cama y terminó en el piso, riéndose. –No te preocupes Kat, esos chicos son algo irresistibles, si tuviera opción, me haría novia de los tres– comentó Erica sin filtro alguno. Comencé a reírme, oh Dios. –¿Están hablando de los hermanos misteriosos?– preguntó el chico gracioso. –Uff, uno de ellos me pidió un cigarrillo la otra vez, sin duda es atractivo– mencionó una chica que no había visto hasta ahora. –Puedo apostar a que ese fue Hank– respondió Erica. Enseguida la chica siguió la conversación preguntando por Hank, Erica le dio todas las respuestas, las voces aumentaron con los demás haciendo comentarios y yo me perdí entre todo el ruido porque recordé que mañana tengo clase con el profe favorito de la universidad. Todos se callaron cuando la puerta se abrió y se dejaron ver los H vestidos mono-cromáticamente con el toque de cada uno, volteé a ver a las chicas y todas se quedaron calladas viéndolos, ja. –Oh hola, ¿somos bienvenidos? –Claro que sí, entren– les respondió Theo con una sonrisa burlona. En pocos segundos todo volvió a la normalidad, Hank se sentó junto a mí pero fue arrastrado por las miradas de las chicas y se olvidó de su amiga, está bien; Harry tomó el lugar de Hank junto a mí, mientras que Theo comenzó a hablar con Hamilton. –¿Qué haces aquí? Pensé que mañana tienes clase con tu profe difícil. –Sí tengo clase mañana, pero Kat no dejaba de insistir– apreté mis labios –, me la estoy pasando bien, hace mucho que no me reía tanto. Harry frunció el ceño, entonces me di cuenta de lo que dije. –Aparte de ustedes, obvio. Pensé que relajaría su expresión pero no lo hizo, desvió su mirada a inspeccionar toda la habitación, noté cómo compartió miradas con sus hermanos. –¿Qué? ¿Qué sucede? Tienes esa cara de que algo pasa. –¿Fumaste algo? –No, sólo Theo, pero Kat le quitó el cigarrillo. ¿Por qué? –No fumaron sólo tabaco– dirigió su mirada a mí y lo entendí. –Oh. –¿No sabías? –Me pareció oler algo más que tabaco pero pensé que era por algún cigarrillo electrónico– respondí algo nerviosa por su mirada nada amigable. –Será mejor que nos vayamos– se levantó de inmediato tomando mi mano, o sea que yo también me levanté. –¿Qué pasa? ¿Ya se van? –Sí, tengo que estudiar para la clase de mañana– le di una sonrisa de boca cerrada y ella asintió. Me despedí de los demás con un ademán de manos. Hank se encargó de Erica y salimos los cinco de ese dormitorio. –¿Qué pasa chicos? ¿Tienen que volver a su casa?– cuestionó Erica con confusión. –No, estaban fumando hierba– le contestó Hank aún con su mano en su brazo. –¿Y eso les asusta?– preguntó con burla. Entiendo su pregunta. –No nos asustó– contestó cortante. –No nos agradó que lo hicieran– mencionó Hamilton. Los tres llevan ese semblante de misterio mezclado con molestia. –¿No les ofrecieron? –Sólo cigarrillo normal– respondió Erica con una expresión menos calmada que hace unos minutos. –Nunca reciban nada de algún extraño. –No lo hicimos, estamos grandes para saber qué hacer– le contesté a Hamilton. –Si no hubiéramos llegado seguirían inhalando humo de todo lo que estaban consumiendo– contraatacó. –¿Por qué estás actuando como si yo tuviera la culpa? ¿Crees que no me sé cuidar sola? –Maddie– Harry tocó mi hombro pero me alejé manteniendo mi contacto visual con Hamilton. –¿Puedes tranquilizarte un segundo? No estoy diciendo nada de eso, simplemente que no confíen aunque se vean de buena intención, es algo más común de lo que podemos creer. Ahora me veo como una ridícula, lo sé. –Ok, lo siento. Me siento mareada. –Pensé que era la única– Erica soltó una risita de manera involuntaria. –Vayamos a su dormitorio. Pasaron los minutos y horas para poder convencer a los H de que debían irse a su casa y yo me quedaría en mi dormitorio, tratando de desintoxicarnos con agua y aire fresco, no fue un trabajo fácil, pero se logró. Cerré mis ojos pensando en el día de mañana, todo lo que podría suceder, pero me detuve ahí, porque se vuelve un círculo vicioso y después no puedo dormir por estar pensando. –Mad, ¿estás despierta? –Sí. –Sólo quería decirte que te envidio. Fruncí mi ceño aún con mis ojos cerrados. –¿Por qué? –Porque tienes personas que se preocupan por ti, eso es algo invaluable– Erica terminó su comentario con su voz adormilada. Fueron dos segundos después que escuché su respiración profunda, estaba dormida. Sonreí pensando en mis amigos, los H. Sí me molesté, pero entiendo que era por un cuidado y un riesgo que no alcanzaba a ver o no le di la importancia necesaria. Pensando en mis lindos amigos, me quedé dormida. * A primera hora de la mañana, mi clase favorita. –¿Trajeron sus ensayos? Todos palidecimos. Busqué con la mirada a Theo, él también tenía una expresión de susto. La clase se quedó en silencio. Todos mirándonos, buscando una respuesta entre nosotros. El profesor comenzó a reír, burlándose de nosotros. Ese señor es maquiavélico. –No los quiero completos, quiero leer lo que lleven hecho. Dejan su avance en mi escritorio al finalizar. Pude respirar de nuevo. Sentí que me desmayaba. Pero, recuerdo que no tengo mucho hecho del ensayo, sólo tengo mi nombre escrito en la hoja, ay no. ¿Qué voy a hacer? –La primera hora de clase se basará en que lean las primeras cuarenta páginas de “El Alquimista”. Aquí están los libros, cortesía de la biblioteca. Tomé un libro con la mente en blanco. ¿Qué hago con el ensayo? –Pelirroja, ¿te picó algo? Volteo a mi derecha para ver a Theo “leyendo”. –No tengo nada hecho del ensayo– susurro de regreso. Lo veo reprimir una risa, estúpido. Me acomodo dándole la espalda. Abro el libro y recuerdo que ya lo había leído, veo mi oportunidad para hacer algo respecto al ensayo. El profesor sale del aula, suspiro. Dos toques en mi hombro hacen que me gire. –¿Qué quieres?– lo miro con cansancio. –Toma, es lo que llevo de mi ensayo, parafrasea, tú sabes. Me entrega una hoja doblada. –Pero… –Pero nada, comienza a hacerlo– dicho esto, se voltea hacia su libro. Decido no decir o pensar más, así que, empiezo mi ensayo. Después de quince minutos le regreso su hoja y yo continúo escribiendo. Me gusta hacer el desarrollo y después la introducción, me ha funcionado esa estrategia porque me queda más conectado que cuando lo hacía empezando por la introducción. Cuando regresó el profesor, yo ya tenía guardado mi borrador del ensayo, suspiré de alivio. –Espero que hayan alcanzado a leer, y a conciencia, porque si no es así, están en la materia, y me atrevo a decir que están en la carrera equivocada. Vamos a comenzar. La clase siguió su curso. Al finalizar, dejé mi borrador y salí. Sonriendo, caminando por los pasillos hacia mi siguiente clase, pero, antes por un café. –¡Pelirroja! Me detengo ante su grito. –¿Qué pasa? –¿Así me vas a agradecer? –Oh, muchas gracias– sonreí genuinamente. Él abrió sus brazos. Fruncí mi ceño. –Para que yo te dé un abrazo, va a ser necesario más que dos párrafos. Él comienza a reír. –Oh vamos, ¿en serio creíste que quería un abrazo? Vas a comprar mi almuerzo. –¡Ni loca! –¿Dónde está el profesor Hemingway? Le pego en el brazo. –¡Está bien! Sigo caminando hacia la cafetería por un café, él me sigue. –¿Qué más quieres, Theo? –Saber por qué ayer se fueron tan abruptamente. Fruncí mi ceño con mi mirada al frente. ¿Qué debo decir? ¿La verdad? –Porque estaban fumando más que nicotina, y no me gusta ese ambiente– respondí cerca de él para que me escuchara, él se inclinó por lo mismo. Soltó una carcajada. Rodé mis ojos, entonces seguí mi camino. Me alcanzó, de nuevo. –¿En serio te asusta un poco de hierba? –No me asusta, simplemente no me gusta. –Nunca la has probado. –Y no pienso hacerlo– acelero mi paso. Olvídense del café, sólo quiero quitármelo de encima. –Esos chicos te controlan, ¿verdad? Me detuve en seco, pensando si sería prudente golpearlo o sólo fulminar con la mirada. Ninguna de las dos merece mi atención. Decido seguir caminando, él me dejó en paz, pero lo que me dijo siguió conmigo durante el día. Los H no me controlan, ellos cuidan de mí, así como lo hacen entre ellos y yo con ellos. ¿Por qué diría Theo tal estupidez? ¿A él qué le importa? –Chica– Erica chasquea sus dedos frente a mí –. ¿Estás aquí? –Sí, lo siento– pasé mis manos por mi cabello –. ¿Qué me decías? –¿Qué falda se ve mejor?– me enseña dos faldas negras parecidas, excepto por el corte. –Esa. –Muy bien, ahora que está eso arreglado, dime qué te sucede– se sienta a mi lado, aventando sus faldas a su cama. –Nada, sólo tengo un ensayo por hacer. –¿Y por eso no has escrito nada durante una hora? Bajé la mirada a mi cuaderno y no, no había ni una mosca. –No lo sé, es algo que Theo me dijo y todo el día he estado pensando en eso. –¿Y qué fue? –Me dijo que los chicos me controlan, los H. Me molestó que me dijera eso, y es algo que me pasó cuando recién llegué a la ciudad y otros chicos me decían lo que debía de hacer– le expliqué recordando todas las peleas entre Nate, Scott, Matt e incluso Dylan. Cuando no querían que me acercara a Thomas, o cuando los H llegaron a mi vida, de sólo recordar me da risa, pero, en esos momentos estaba harta. –Oh. ¿Tú te sientes controlada? –No… –Yo te puedo decir que, por lo que he visto, no creo que estés controlada por ellos, o que ellos quieran controlarte. Ese comportamiento suele mostrarse, y créeme que yo soy observadora– ríe levemente y la tensión va desapareciendo. Yo sonrío un poco aliviada por sus palabras. –¿Te pareció que lo de ayer fue “controlador”? –¿El cuidarnos de no salir drogadas?– Sonríe –, esos chicos están al pendiente de ti porque te quieren, no porque quieren controlarte. –Eso es lo que yo siento, pero, también siento que me estoy sofocando– confieso bajando mi mirada. –¿Por eso decidiste vivir aquí, que en su casa? –Sí, siento que este año es mi oportunidad para estar conmigo. Los últimos años han sido alrededor de los demás, y siento que por fin tengo mi espacio, quiero disfrutarlo sin pensar en los demás– suspiro –. Sé que suena egoísta. –Maddie– Erica toma mis manos, subo mi mirada –. Pensar en ti no es ser egoísta. El que pienses en ti y tengas comunicación contigo misma va de la mano con poder relacionarte con los demás. Primero estás tú. No te dejes a un lado. Sonrío con tristeza. Ella tiene razón. Suelto un suspiro profundo. Ella ríe y después me abraza. –Gracias, Erica. –Gracias por compartir cómo te sientes– termina el abrazo y se levanta de mi cama –. Ahora, levántate, saldremos esta noche. –¿Qué? Oh no, no puedo, tengo un ensayo por hacer– niego rotundamente con mi cabeza. –Vamos, tendremos una noche de chicas, mi hermana viene en camino– se da la vuelta, dándome la espalda. Sigue maquillándose mientras yo estoy sentada en mi cama pensando si mañana podré terminar el ensayo. –¿Qué voy a usar? Erica suelta un grito de emoción y corre hacia mi clóset. Terminé usando jeans amplios, un top rojo muy lindo, botines negros y una chaqueta de cuero. Mi maquillaje lo recomendó Erica y quedó muy lindo. Desde que entré a la universidad he usado más el labial rojo, cualquier tono. Desde muy pequeña escuchaba que las pelirrojas no podían usar labial rojo, nunca entendí por qué, pero hice caso, eso fue hasta hace unos meses. El labial rojo se está volviendo parte de mi personalidad. Salimos del dormitorio entre risas. Nos encontramos con Ana en la entrada, tomamos un taxi hacia el bar que Ana conocía. –Chicas, tengo que contarles algo– sonrió Ana algo sonrojada. Erica y yo compartimos una mirada entre risas. –¿¡Qué pasó?! –Estoy saliendo con Josh. Gritamos de emoción. Lo bueno es que hay mucho ruido, un grito más, un grito menos. –Espera, ¿es ese chico que prometiste jamás salir con él? Ana se sonroja. Erica niega con su cabeza, después sonríe y abraza a su hermana. –Estoy confundida– mencioné. –Josh es un chico que la molestó durante los primeros semestres, fue una relación amor-odio. Y me prometió que jamás saldría con él– explicó Erica rodando los ojos. –¡Culpable!– Se rio Ana –. Es un chico insoportable con todos, pero, realmente está comprometido conmigo. –¡Aw!– exclamé con ternura. Ana sonrió. –Pero, por favor, dime que primero decidieron estar en una relación y después…– guiñó un ojo y Ana se sonrojó por completo. Me empecé a reír por la reacción de Ana. Ella le soltó un manotazo a su hermana. –Eres una imprudente, pero sí, formalizamos antes– respondió Ana rodando sus ojos, tratando de disimular su gran sonrojo. Tomé mi bebida aún entre risas cuando Erica volteó a verme con curiosidad. Empecé a toser cuando la bebida se fue por otro lado durante el trago. –¿Todo bien? –Sí, sí– respondí tomando un bocado de aire. –Ahora tú dinos, Madison– Erica achica sus ojos al mirarme con curiosidad, empiezo a toser de nuevo. –¿Yo? Mmm, igual que Ana– vuelvo a verla –. Formalizamos. Desvío mi mirada y ellas se quedan calladas. –¿Ustedes…? –No– respondí tajante. Las miré, ellas tenían las cejas arriba y una mirada burlona –. ¿Qué? –Nada– respondieron al unísono. –Si no quieres contarnos, está bien– comenta Erica con una sonrisa. Esto no lo he hablado con nadie… –Ugh, está bien– suspiré, le di un trago a mi bebida y las miré –. No hemos hablado de eso, ¿ok? Apenas nos formalizamos y ha sido de manera discreta, después de todo lo sucedido. –Eso está bien– menciona Ana –, no hay una regla cuando se trata de la intimidad. –Sí, pero– solté un suspiro –. Yo he pensado en esperar al matrimonio. Y antes de que me digan algo, para mí, es algo más que sólo físico. –Exactamente, es una necesidad, Maddie– argumentó Erica. –De los dos– agregó Ana. –Eso lo sé, y pienso que cuando lo hablemos, quedarán las cosas en claro. –Un brindis por las nuevas relaciones– Erica subió su copa con una sonrisa. Todas tomamos. Un alivio recorrió mi cuerpo. Se sintió bien poder decir lo que pasaba por mi mente, fue extraño porque siendo un tema importante y privado, me sentí en confianza con estas chicas. No puedo evitar pensar en mis chicas… las extraño. –Ven, vamos a bailar– Erica toma mi mano y me levanta. En este bar no hay una “pista” en sí, sólo hay mesas altas y bancos, si quieres bailar, te levantas y ya. Erica es una gran bailarina, tiene esa chispa que hipnotiza al bailar, de esas personas que con sólo mover los hombros se ven como profesionales. Ana se unió a nosotras. Realmente estoy disfrutando de esta noche, estoy haciendo lo que quiero sin preocuparme de los demás, y eso se siente muy bien.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD