–¡No! Reímos a carcajadas al ver a los chicos competir en el videojuego de baile. Hank ya había pateado varías veces a Scott, y viceversa. Llevamos horas jugando, yo ya no puedo ni reírme porque ya no tengo energía. La risa de Dylan se contagia y yo me sigo riendo aunque me duela el estómago. Bajo mi mirada a nuestros brazos entrecruzados sobre mi vientre. Estamos sentados en el sofá individual, hay espacio para los dos poder estar cómodos, estoy sentada sobre sus piernas parcialmente, por así decirlo. Después de aquel día con tanta tensión, al hablarlo y resolverlo de la manera más viable posible como lo fue besarnos hasta que Joe y mi papá llegaron. Decidimos no dejar que se hiciera grande la bola de nieve, y que dejáramos fluir lo que sentimos, sin vergüenza porque al final, es p

