Capítulo 7

1275 Words
Crono se hallaba inmerso en unos documentos cuando, de repente, golpes en la puerta interrumpieron su concentración. Alzó la cabeza con interés y, con gesto sereno, indicó. —Pase. Eris ingresó con un rostro afligido: mejilla hinchada, ojos enrojecidos y lágrimas que surcaban su rostro. Con una voz entrecortada, dejó escapar. —Mi alfa, después del almuerzo, la Luna me atacó, me insultó y humilló frente a los sirvientes. Esa mujer no es como usted me la había descrito. Ahora, ante los demás, soy simplemente su amante, ella dejó claro en el comedor, delante de todos, que me daba permiso para calentar su cama, porque ella no será su mate, ni le corresponderá como su esposa. Crono frunció el ceño, irritado por la situación. Era evidente que debía abordar este problema con su mate. Sin rodeos, le dijo a Eris. —Deja de llorar; no es para tanto. Ahora soy un hombre casado, y debes mantener la distancia. —Llevó una mano a su cabeza, como si intentara aliviar la creciente tensión. Era evidente que no le convenía que los rumores sobre su matrimonio se extendieran. Con un suspiro profundo, añadió—. Sé que Lea te apreciaba y te tenía cariño. Por eso te permití permanecer aquí, pero creo que es hora de que te marches de la mansión. Seguiré ayudándote económicamente. Eris, sorprendida por la respuesta, abrió los ojos con incredulidad. No esperaba esa decisión, solo buscaba que Crono tomara medidas contra su esposa, no que la excluyera a ella. —Crono, mi prima no quería que me alejaras así de tu vida. Ella y yo éramos como hermanas, y tú te has convertido en mi familia. No me digas que ya olvidaste a Lea y te enamoraste tan rápido de esa loba —expresó con tristeza en la voz. Crono, visiblemente molesto, golpeó la mesa y exclamó. —A Lea no la involucres en esto. En cuanto a lo que siento por mi esposa, no es asunto tuyo. Eris no podía asimilar la realidad: Crono, había corrido detrás de Freya cuando salió sola de la mansión, ahora la estaba echando. Le resultaba aún más desconcertante que Freya hubiera alcanzado lo que ella misma no había logrado desde que llegó a la mansión. Una mezcla de sorpresa y frustración se reflejaba en el rostro de Eris mientras bajaba la cabeza, intentando ocultar su creciente enfado. —Está bien, veré a dónde puedo ir. Dame unos días para organizar mis cosas y marcharme. Me retiro con tu permiso —se dio la vuelta y salió furiosa, murmurando entre dientes: "Maldita, me las vas a pagar". Crono, con la certeza de que debía poner fin a la indisciplina de su esposa, decidió abordar el problema directamente. Con paso decidido, se encaminó hacia la habitación de Freya. Al llegar frente a la puerta, dio tres golpes firmes. Freya, recostada en su cama, percibió la presencia de su mate. Un aroma cítrico y amaderado llenó sus sentidos, despertando recuerdos de encuentros pasados. Intranquila, decidió ignorarlo. —Sé que estás ahí, pequeña fiera. Abre la puerta o la tumbo; tú decides —advirtió Crono con voz gruesa. —Tú y yo no tenemos nada de que hablar. Si es urgente, mañana en la mañana iré a tu despacho. Ahora no estoy disponible —respondió Freya con frialdad. Crono optó por el silencio y se retiró. Regresó a su despacho, abrió un estante y sacó las llaves de las habitaciones. Buscó la de Freya, cerró el estante y se dirigió nuevamente hacia la puerta de su esposa. Decidido, insertó la llave, quitó el seguro y abrió la puerta de golpe. Freya se levantó de golpe al ver a Crono entrar. La puerta se cerró tras él con un golpe sordo, y sus ojos brillaron con malicia. Freya, molesta, se preguntaba cuáles serían las intenciones de su esposo. Con tono gélido, inquirió. —¿Qué estás haciendo en mi habitación? —Vengo a enseñarte cómo comportarte. No puedes seguir exponiendo mi honor delante de mi gente. Si no cambias, te enfrentarás a las consecuencias. En esta manada no puedes actuar como te plazca. Hoy te comportaste como si fueras superior a mí frente a mi hombre. Recuerda que soy el líder de estas tierras, y mi esposa no puede ser tema de chismes entre nuestra gente. —Pensé que las quejas de tu amante te traían aquí —replicó Freya con altivez. —Maldita sea, no es mi amante y compórtate como mi Luna. —No me grites; no soy una de tus mujerzuelas. Quien ha alimentado los rumores eres tú. En reunión de nuestro matrimonio no perdiste la oportunidad de pasearte con Eris. Además, ella tiene el descaro de tratarme sin respeto. Entonces, dime, ¿quién tiene el descaro de no comportarse como un hombre casado? Yo no he recibido respeto de ti ni tu gente —gritó Freya, apretando los puños. Crono, enfrentándose a la rebeldía de su esposa, sintió que este problema sería más complicado de lo que pensaba. Con calma, le respondió. —Eris se me acerco a felicitarme por mi nombramiento, yo soy el alfa y no podía ser descortés con ella, quien era mi invitada y ha demostrado lealtad a mi manada. Debes comportarte y no andar desafiándome cada vez que quieras y menos crear conflictos con la gente. Freya soltó una carcajada, provocadora. —¡Verdad que a mi esposo le gustan las lobas tiernas, obedientes, que cumplen sus deseos! Pues conmigo te equivocaste. No recibiré órdenes de nadie, y menos de ti. Te dije que no seré tu mujer. Te doy permiso para que te diviertas en la cama de Eris o de cualquier loba, me eres indiferente —dijo con una sonrisa triunfante. No obstante, esa sonrisa se desvaneció cuando vio a Crono acercarse y tomarla de las manos, arrastrándola hacia la pared. —Recuerda que eres mi mate, mi esposa. Si quiero, puedo reclamarte en este momento —gruñó Crono, furioso por la intensidad en los ojos azules en llamas de su mate. La presionó más, sintiendo cómo ella intentaba liberarse. —Suéltame. No te atrevas a tocarme, maldito. Si me haces algo, te juro que te mato —gritó Freya, forcejeando. Levantó la pierna derecha y le dio en la entrepierna con todas sus fuerzas. Crono, quien se encontraba perdido en esos ojos en llamas, reaccionó al sentir un dolor agudo en su hombría, soltándola de golpe y apoyándose en la pared para recuperarse. Después de unos segundos, Crono la miraba fijamente mientras pensó: "Es una fiera, pero no puedo negar que es realmente hermosa, incluso cuando está agitada y altiva. Tendré que poner todo mi empeño para dominar a este demonio". —Si te atreves a forzarme a ser tu mujer, te aseguro que te dejaré sin hombría —vociferó Freya, colocándose al otro extremo de la cama. —Pequeña fiera, muy pronto me encargaré de ti y te tendré en mi cama pronunciando mi nombre entre quejidos —quitó la mano de la pared, ya que el dolor estaba disminuyendo—. Mañana estaré fuera de la manada. No quiero que te metas en problemas. —dijo mientras pensaba que este desafío sería más difícil de lo que imagino. —No te atrevas a ponerme un dedo encima o sabrás quién es Freya Sith. —Sin amenazas. Será mejor que te comportes como mi Luna —se dio la vuelta y salió de la habitación. Freya se quedó en la habitación resoplando mientras gritaba: —Mañana cambiaré la cerradura de la puerta; no entrarás en esta habitación cada vez que te dé la gana—resopló furiosa.
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