Pese a su evidente deseo de abandonar la mesa, y cuidado sino también al casa y nuestra presencia, en silencio, después que el ama de llaves sirvió la comida, fui consciente del enorme esfuerzo que Akais hizo para obligarse a tragar bocados bocado lo que le sirvió Eugenia. Soy imprudente, grotesco y bastante mal educado, lo acepto pero llegar al límite que acaba de atravesar Gustavo, dejando salir de su boca lo que le dio la gana expresar sin medirse a considerar el efecto que sus palabras pudiera tener no solamente en Akais sino hasta en al misma Ingrid, que pese a haber pasado por fuertes experiencias, creo que toparse con un personaje del calibre del que encabeza esta mesa, es la primera vez. Lo que nos deja sorprendidos. Yo tampoco tenía apetito, el poco que tuve lo perdí en medio

