—Deja el nervio hermanito —Me dijo Saúl apretando mi hombro. —Estoy tranquilo —Le contesté al tiempo que miré mi reloj y luego desvié la mirada hacia el lado de la ventana. A última hora aparecieron Saúl y Anthoni. Como era de esperarlo quisieron acompañarme, lo que nos obligó a pasar a buscarlo en cierto punto en específico en la capital. El desvío no nos representó mayor retraso porque en realidad nos tocaba ir por algo que Aleskey necesitaba, y la avioneta la tenía resguardada en otro lugar. —Pierde cuidado, ya tu mujercita está a salvo —Me repitió Aleskey una vez más—. Mauricio me dijo que siguieron tus instrucciones, se fueron directo a su propia casa, de modo que no se la llevaron a ningún lugar extraño. —No le va a pasar nada —Intervino Gelys—. El temor ya pasó —Hizo una pausa

