Después de despedirme de Gustavo, ni me molesté en avisarles a las empleadas que iba de salida, fui directo hasta la camioneta. Como los chicos tenían bien aprendida la estrategia que necesitábamos aplicar, consideré que no era necesaria mi presencia en el lugar donde estén reunidos; igual no me sentía apto para participar en nada que requiriese enfocar mi atención y transmitir lo que pienso con la contundencia que las órdenes que son necesarias impartir para llevar a feliz término la meta propuesta. Decidí esperarlos adentro de mi camioneta. En este momento para mí estar solo es imprescindible. Con la mirada dirigida hacia las ventanas del primer nivel de la casa donde supongo están ubicadas las habitaciones, me quedé pensativo. La petición de Gustavo me llegó como un ultimátum, me cay

