Un solo beso fue suficiente para dejarme extasiado. Fue una de esas situaciones que obligan al hombre a recurrir para celebrar algo o simplemente evadir la realidad. En mi caso en este caso en particular lo que deseo es celebrar y por eso volví a ponerme de pie tomé la copa de ella y mi vaso y vuelve al bar preparé un segundo trago para ella otro para mí. Cuando le llevé la segunda Copa del cóctel, la tomé desprevenida y estampé un beso fugaz en sus labios, al igual que el primero tampoco lo esperaba, no le avisé, simplemente lo hice, me provocó y me dejé llevar. Me miró con odio, con rabia, y esta vez tampoco dijo nada al respecto. Solamente miró la copa y me miró como rechazando una vez más el tomarse el contenido de la copa. —Tómate eso —Le ordené en un tono de voz también determinant

