No respondió, no al instante. Lo que provocó que la ansiedad que estaba conteniendo me abrumara al punto de lograr hacerme enfadar mucho más de lo que ya estaba. —Respóndeme, ¿Qué carajos hiciste para creerte tener tanto privilegio en la vida? —Le interrogué luego de pararme de manera abrupta del sillón. Dado que Eugenía lo ayudó a ponerse de pie, Jorge se encontraba parado a un lado del reguero, estaba con el cuerpo encorvado, supuse que era por la incomodidad que nos dimos cuenta le estaban produciendo las heridas de su espalda. —Habla carajo —Le grité en una orden contundente. —Yo no tengo por qué darte explicaciones y ten por seguro que esto que me acabas de hacer no se va a quedar así —Me dijo en un tono de voz que aunque tembloroso daba a entender que no había temor en ninguna pa

