La noche anterior estuvimos tomando y conversando hasta bien tarde. Decidimos ir a descansar ya entrada las cinco de la madrugada, demasiado tarde para dos hombres que solo estaban desahogando sus desgracias en torno a sus relaciones sentimentales, que en mi caso por mi forma de ver la vida, había creído que estaba lejos de tener un toque sentimental. Negado a entregar un mínimo de emoción y con ello darle parte a alguna mujer para que sepa que pudiera corresponderle en esos sentimientos y que con ello pueda creerse con el poder de controlarme al extremo de acortarme la libertad de la que siempre he sido dueño, luché hasta más no poder por no verme como me siento ahora, experimentando por primera vez lo que es la desdicha y esa sensación de vacío que he venido sintiendo los últimos días.

