Muy a mi pesar, me tocó dejar ir al cura. Al final de la conversación terminé aceptando que en cierto modo él temía razón, a menos que se trate de un verdadero secuestro, nadie tiene el derecho de retener a quien no quiere estar a nuestro lado. Tal vez al comienzo lo hubiera hecho por puro placer, por disfrutar verla luchar y pretender imponer su voluntad ante mí y que con un chasquido de mis dedos ella se hubiera quedado ahí, donde yo lo hubiese determinado, por la última palabra muere en lo que yo dispongo. Sí, lo hubiera disfrutado de una manera descarada. Pero eso hubiera sido en el pasado. Eso hice cuando accedí a este matrimonio, pero en ese momento no estaba en la situación que me envuelve hoy en día. No estaba al cabo de saberme capaz de ver el ver futuro, no sabía que llegaría al

