—¿Crees que se fue de casa? —Me preguntó gelis caminando detrás de mí. Me detuve enfrente de mi camioneta, coloqué la mano derecha en la manilla para abrir la puerta y respiré profundo antes de decidirme a responderle. Esta nueva y mala decisión de Akais terminó de alterar mi estado de ánimo. Con el encuentro infructuoso de hace un rato ya había logrado enfadarme y bastó llegar a casa para encontrar que ahora me toca hacer malabares para adivinar a dónde carrizos se fue esa condenada mujer. —Si no están en ningún lugar de la casa y en el armario no hay ni siquiera uno de esos trabajos con los que arropaba su cabeza, dime tú ¿Cómo interpreto eso? —Le pregunté con sarcasmo. —¡Wow! Y ahora ¡Qué carrizo le pasó a la monjita? —Preguntó Gelys—. ¿Discutieron? —No—Le respondí y giré la mirada

