Tal como lo prometió, una hora después apareció el abogado que Gustavo me pidió llamar. Ahí, en su habitación, sobre la pequeña mesa donde minutos atrás Gustavo estuvo forzándose a comer el poco alimento que su cuerpo tolera, el letrado desplegó un fajo de documentos que me sorprendió, no esperaban que fueran tantos, me preocupé, más no di señales de haber sido impactado. Entendía que debía mostrarme incólume, total se supone que yo tengo propiedades y que el dinero no era importante para mí. Esa es la imagen que le he mostrado en todo este tiempo. El hombre me aclaró que debía leer aunque por encima cada uno de esos documentos, lo que me dio fastidio, pero acepté que tenía razón. Uno a uno me fue mostrando y explicando de que trataba cada uno, medio los leí aunque no comprenda los términ

