—¿Y esa cara hermanito? —Preguntó Anthoni acercándose a la mesa. —Nada hermano, aquí pensando, nada —Contesté con desden al tiempo que levanté el vaso en alto a modo de brindis. —En esta ocasión ¿Por qué brindamos? —Me inquirió sonriente, luego hizo una pausa, levantó el brazo en alto y lo chocó levemente con el mío—. ¡Qué pendejada la mía! ¿No? Yo, preguntando ¿Por qué vamos a brindar? —Se dio un golpe leve en la cabeza con la mano izquierda—. Los motivos para celebrar son más que evidentes. Claro que sí. En medio de la amargura que vengo intentando disimular sonreí de manera forzosa. Sí inconscientemente, al aceptar meterme en este matrimonio ya le había vendido el alma al diablo, de ser cierto eso de que hay reencarnación después de esta vida, acabo de terminar de empeñar la mía p

