—Hermanito, ¿Cuándo vas a aprender a contenerte? —Cuestionó Anthoni dirigiéndome una mirada sarcástica—. ¿Cuántas veces hay que repetirte que no debes golpear a la fuente de información? —Adujo pronunciando las palabras casi en forma silábica. Me le quedé mirando con los ojos entrecerrados al no comprender su interrogante. Claro, no iba a entenderlo. Estaba enfadado, extremadamente molesto, y en esos casos la ira me ciega, y como es evidente, la mente se me cierra en forma tal que no razono, no me permito razonar. Si es de hacer notar sinceridad y hasta repelencia al no sentir ningún tipo de remordimiento por el mal que pudieran hacer, no se lo permito a nadie más que a mi gente, y a mí mismo. Dejar que otro venga a pretender burlarse en mi cara es un gran insulto. Por eso terminé reacc

