Al Llegar a la casa de Ales, subí directo a la habitación. Me sentía tan desencajado que le permití a Malcolm manejar de regreso. Tal vez entendiendo mi deseo de permanecer callado, apenas cruzamos unas pocas palabras en las tres horas del viaje. —¿Qué vas a hacer? —Me preguntó Leonardo cuando comencé a subir las escaleras al primer nivel. —Me iré a acostar un rato —Le dije y no esperé respuesta, sino que subí las escaleras sin mirar atrás. Mientras veníamos en el recorrido de regreso a casa, tratando de despejar la mente de esa bendita propuesta, organicé en mi mente los pendientes, y entre ellos, recordé que había considerado dejar para cuando llegara a la casa de Atkins llamar a Diego para que me informara que es eso que sabe de la mujer que estuvo buscándome en el club nocturno. Lo

