«¡Wow! ¡Qué mujer para hacerme pasar de un extremo a otro de manera repentina!» Pensé cuando mientras me quedé observando la dirección en la que se perdió en el pasillo hacia la habitación. La condenada no sé si lo hace con conciencia del peligro que ello representa para ella, tiene la propiedad de subirme al cielo y bajarme de un tirón y sin aviso. Lo volvió a hacer y, una vez más me dejó frustrado, rabioso y con ganas de acabar con todo lo que tengo a mi alrededor. Tirado allí en el piso, con la cabeza reposada en el mismo lugar donde la había acostado, intenté reponerme de todo lo que estaba sintiendo, porque no solo era la cantidad de sensaciones que comenzaron a emerger al verla momentáneamente tan feliz después de haberle hecho el amor, aunque de manera superficial, sino también el

