Llevo varias horas sentada aquí al pie de la piscina tratando de distraer la mente con el libro que amablemente Ingrid me sugirió leer. La lectura pese a ser interesante, no logra distraerme del todo de la impresión que me llevé cuando subí a la habitación a buscar mi rosario. Lo estaba necesitando para por lo menos colgarlo a mi cuello y orar en silencio buscando tranquilizar no solo a mi mente sino también a mi corazón que últimamente anda como alborotado en un palpitar que no he podido controlar. —Akais —De solo escuchar el tono grueso de su voz un tanto acelerada me impactó. Me mantengo sentada de espalda a la entrada de la casa al frente de la mesa donde Ingrid desayunó en la mañana. Todos se dispersaron después de cierto tiempo y la única que ha permanecido en este espacio he si

